Cable a tierra

A la Usac también hay que liberarla

Karin Slowing karin.slowing@gmail.com

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La primera semana de mayo será la elección de rector de la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac). Una elección de suma importancia, aunque su relevancia se haya visto diluida en esta ocasión en la agenda pública por la situación política tan precaria a la que nos ha orillado Jimmy Morales, con sus manifiestos actos de agresión contra el Ministerio Público y la Cicig.

A pesar del deterioro y el desgaste al que ha sido llevada, la Usac sigue siendo la universidad más importante del país. Con todo y sus déficits académicos, sigue siendo la mejor ubicada de Guatemala en el ranquin latinoamericano de universidades. Siendo financiada con fondos públicos, ha permitido dar oportunidad de educación superior a miles de jóvenes que no podrían haber aspirado a ser profesionales de otra manera. Esto la convierte en la más grande en términos del número de universitarios que se forman en sus facultades y escuelas, tanto en el campus central como en los Centros Universitarios que hay por todo el país. Es estratégica también porque tiene adscritas a su mandato una serie de responsabilidades y funciones públicas que podrían ser claves para el desarrollo, pero que, por lo mismo, también la convirtieron en otro jugoso botín político de la casta económica y política que, en estos momentos, se está jugando su sobrevivencia. Por eso, las elecciones de autoridades universitarias (rector y decanos) han padecido los mismos males que vemos presentes en el sistema político nacional. Lo mismo que pasó con la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU): son instancias que fueron capturadas y cooptadas por los operadores de la impunidad.

Por tanto, a la Usac también hay que liberarla de la corrupción, de la impunidad, del tráfico de influencias, el clientelismo y los compadrazgos. La elección de la nueva rectora o rector debería ser el punto de partida de ese proceso. No veo otra manera de sacarla de su anquilosamiento intelectual y académico si no se afronta esta realidad interna de la institución.

Hay dos candidatos y una candidata a rectora en esta ocasión. Los sancarlistas —docentes, estudiantes y profesionales— debemos participar entre el 2 y el 4 de mayo y escoger la opción que no esté embarrada ni asociada con el #PactoDeCorruptos, y que ofrezca las mayores posibilidades de comenzar el proceso de depuración de la Usac, impulsando la transparencia, el ordenamiento interno, la lucha contra la corrupción y una creciente democratización del proceso eleccionario universitario. ¡Nada más aberrante que escuchar que los centros universitarios regionales no tienen los mismos derechos que los del campus central para elegir autoridades!

Así como la semana pasada cuestioné lo terrible que sería que la Universidad Rafael Landívar retrajera la senda que se trazó hace unos años, de poner su función al servicio de los más desfavorecidos de la sociedad en lugar de reforzar el estatus quo, así también cuestiono que no se enfrente de lleno la captura de la Usac y trabajemos para liberarla de su cautiverio. La AEU es un significativo —aunque frágil— primer paso, pero ese avance es insuficiente para revertir esta situación. Se requiere que quien asuma la rectoría lidere el cambio institucional con mucho coraje, impulse la depuración, y conmine a que las elecciones facultativas comiencen también a ser distintas; que permitan que otra calidad de sujetos lleguen a integrar el Consejo Superior Universitario. No será fácil, pero si se impone una vez más el dominio de los operadores de la oscuridad, perderemos nuevamente esa oportunidad. De ese tamaño veo yo la importancia de las elecciones sancarlistas de la próxima semana.