encrucijada

Apenas empiezan

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Juan Alberto Fuentes
Juan Alberto Fuentes

Ante los nubarrones del exterior resultantes del auge del populismo en los países del Norte, y frente al sombrío panorama interno causado por el peligro de una restauración de las fuerzas desplazadas del poder en 2015, surgen rayos de luz de las entrañas de Guatemala. Uno muy esperanzador es la multiplicación de organizaciones de mujeres en zonas rurales que buscan favorecer el ahorro comunitario y el emprendimiento en las zonas más pobres del país.

En los últimos 3 años Alta y Baja Verapaz han sido la sede de una extraordinaria expansión de organizaciones de mujeres indígenas que mediante la constitución de pequeños grupos de ahorro comunitario han podido generar ahorros. Estos les ha permitido atender necesidades que antes no podían cubrir y hacer pequeños préstamos con garantía colectiva a las mujeres que las requerían, con la obligación de pagar los intereses acordados. El mito de que las personas en situación de pobreza no ahorran ha quedado destruido. Actualmente existen casi 650 grupos de ahorro organizados en las verapaces, con presencia en alrededor de 200 comunidades. Se han otorgado más de 30 mil préstamos, que han beneficiado a casi 10 mil mujeres.

Aplican reglas internas claras, con multas estrictas ante incumplimientos —incluyendo multas por llegar tarde a reuniones—, y con pagos de intereses por los préstamos otorgados. La mora es prácticamente inexistente y los intereses cobrados a los préstamos se convierten en parte de los ahorros aumentados que se redistribuyen entre las socias al final de un período acordado. Los préstamos han tenido diferentes destinos, que han incluido desde cubrir los costos de un funeral hasta pagar por la atención de salud que requería un niño. El sistema tiene una dimensión solidaria que la aparta de los esquemas totalmente individualistas que a menudo se asocian, incorrectamente, con el éxito empresarial.

Los grupos de mujeres comenzaron por colocar sus ahorros en una caja, literalmente, aunque en la medida que sus recursos han aumentado, se han ido colocando en cuentas de cooperativas de ahorro y crédito, principalmente. Ha habido un acompañamiento que ha incluido capacitación en los ámbitos de organización y finanzas apoyados por OXFAM, el Fondo Multilateral de Inversiones del BID y otras asociaciones no lucrativas. Pero ya están en retirada ante lo que es un proceso irreversible impulsado de manera autónoma por organizaciones de mujeres plenamente empoderadas y con la ambición de extender esta experiencia a más grupos de mujeres.

La articulación gradual a sistemas más formales de financiamiento también ha facilitado el acceso a montos mayores de crédito. Los préstamos gestionados con cooperativas, instituciones de micro finanzas e incluso bancos está permitiendo ampliar la agricultura familiar, especialmente de huertos, además de la crianza de animales y la producción de artesanías.

Se vislumbra entonces un incipiente y democrático proceso de acumulación de capital, con más productividad, más ingresos y más dignidad. Falta infraestructura como caminos y acceso a internet para facilitar el comercio de bienes y la extensión de servicios financieros en estas regiones, y es evidente la falta de otros servicios de apoyo y de bienes públicos. El Estado podría potenciar y ampliar estas experiencias y reducir la pobreza significativamente, en vez de la entrega clientelar de bolsas de alimentos, pero esto no se vislumbra a corto plazo. Sin embargo, existe un dinamismo irreversible surgido de las mujeres organizadas en las comunidades. Esto apenas empieza.

fuentesknight@yahoo.com