la era del fauno

Asedio al lugar más lindo del mundo

Juan Carlos Lemus @juanlemus9

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Juan Carlos Lemus
Juan Carlos Lemus

La salida sería de madrugada. Con la mochila llena de alimentos, botellas de agua, ropa, algún libro y una bolsa para dormir, enrollada, ustedes y yo podríamos ir de excursión al Mapa en Relieve, único lugar del país donde los ríos están completos, las montañas están verdecidas por parejo y la neblina surca los montes que rodean los lagos.

Si logramos entrar y acampar para quedarnos por siempre —cosa que será difícil, pues más de algún guardia o policía querrá impedir que llevemos a cabo nuestros planes— habremos alcanzado algo más importante que la cima del Everest.

Siguiendo esa ruta, en caso lo logremos, seguramente nuestra idea de ocupar el Mapa en Relieve pronto sería copiada por otros menos escrupulosos que nosotros. Ya se sabe, la gente es envidiosa y tras una idea viene otro a tomarla. Y como en el país ya no hay sitios seguros y naturales disponibles, querrán imitarnos. Se apropiarían del sitio gentes cada vez más desalmadas, personas avaras y crueles que instalarían los primeros mercados de explotación sin importar qué tanto destruyen el paisaje, a las personas y a los animales.

De la noche a la mañana, en pocas décadas, como sucedió en la vida real, encontraríamos esos montes aplastados por máquinas, centros de recreación drenando sus aguas residuales hacia los ríos, industrias emanantes de materiales tóxicos, borrachos de avaricia caídos de helicópteros con eslóganes de progreso nacional.

Pronto escucharíamos esa música que bien conocemos: “Córrase para atrás, señora, colabore. Hasta el fondo hay lugar. Esos de San Marcos, córranse a Huehuetenango. Si no se corren los elimino del mapa. En Alta Verapaz hay lugar. Si no le gusta, señor, cruce la frontera con México, váyase; pero no olvide enviar sus remesas por medio de esta cuenta bancaria, su cuenta hermana, su cuenta amiga. Colaboren, hombre, colaboren”.

Esa ficción, por absurda y tontamente cómica que parezca, es la idea de desarrollo que tiene en la cabeza esa minoría absolutista con máscara de horror al absolutismo, apoyada por la economía armada que nada en aguas turbias con abogados transas, grandes empresas evasoras de impuestos que hipócritamente exigen a sus trabajadores que contribuyan a crear un mejor país pero no pagan impuestos y debilitan al Estado. Gente apoyada por jueces y magistrados al servicio del crimen.

Es evidente que nuestro recorrido hipotético, fantasioso o novelado, como quiera llamarle, tiene parangón con la realidad. Es más, quienes han visitado el Mapa en Relieve —obra arquitectónica erigida hace más de un siglo en zona 2— habrán visto que tiene construido un lugar en lo alto para que los visitantes lo apreciemos. Es un mirador al que se llega por unas escaleras. ¿A que no adivina quiénes —en nuestro campamento— se instalarían arriba, ya como mirones, ya como líderes? Claro, acertó: rateros, criminales, cazadores, hombres rana y uno que otro teórico de esos que critican y no hacen nada. Podemos imaginarlos de pie, arriba, con altoparlante, gritando “Háganse al fondo del país, por favor, colaboren, avanzamos hacia el desarrollo. Vamos a crear empleo, con la ayuda de Dios y el buen corazón de los guatemaltecos. Vamos hacia el futuro. Modernizaremos las aduanas”.

El país es así, como un cuento absurdo. Campamento desgobernado. Por eso, es alentador que sobre tanta impunidad caigan, de cuando en cuando, rayos que la parten en pedazos. Tales rayos son la Cicig y el MP, cuya reciente obra de arte celebramos, la desarticulación de una banda criminal que ha venido operando dentro del Congreso, integrada por el expresidente Luis Rabbé, entre otros.

@juanlemus9