Pluma invitada

1 de octubre del 2047

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Hoy, 1 de octubre del 2047, coincidiendo con el Día del Niño, las Niñas y Adolescentes, Juanita celebra sus 25 años junto a sus amigas. Ella es originaria de Santa María Nebaj y a muy temprana edad tuvo una atención integral en el centro comunitario de desarrollo infantil, donde recibió cuidados cariñosos, aprendizaje y estimulación temprana en un espacio seguro.

En el 2022 había tres mil de estos centros, y dado el éxito de estas intervenciones se han expandido por todo el país, beneficiando a miles y miles de niñas y niños.

Juanita, como los demás niños de su entorno, se mantuvo muy sana gracias a la buena alimentación, a los cuidados que recibió y al acceso a agua segura y saneamiento ambiental, contribuyendo a desarrollar todo su potencial.

Esta atención integral, junto con una buena preparación en preprimaria, le permitió ingresar al primer grado de primaria en la escuela de su comunidad con destrezas, conocimientos y habilidades que le aseguraron el éxito en este ciclo. La buena formación de sus profesores fue fundamental para que aprendiera todo sobre el mundo y a adquirir habilidades claves para su vida.

Posteriormente, Juanita culminó sus estudios de secundaria en el instituto cercano. Gracias a su gran desempeño ganó una beca para estudiar Leyes, un sueño que tenía desde pequeña. Ahora, como abogada, trabaja ganando un buen salario y recibe todas las prestaciones sociales que merece.

A lo largo de su infancia y adolescencia, Juanita también recibió todas las atenciones de salud necesarias en el centro de salud, incluyendo la medición del peso y la talla; vacunas y suplementos vitamínicos y nutricionales. Estos cuidados preventivos evitaron que se enfermara a menudo, pero cuando se enfermó encontró la atención requerida en el sistema de salud.

Hoy, al cumplir 25 años, Juanita es una joven orgullosa de sí misma, sus raíces y logros. Es una joven, como otros millones de jóvenes que contribuyen al progreso de sus comunidades y sus familias, la economía y la sociedad, porque Guatemala supo aprovechar el bono demográfico invirtiendo en ellos desde su nacimiento.

Una inversión en la infancia, que garantice una atención de 360 grados, que abarque todos los aspectos de su desarrollo y sus derechos y que los acompaña en todas las etapas de su crecimiento, puede transformar Guatemala en una sola generación. Otros países lo han hecho. ¿Por qué no Guatemala?

Esto puede ser una realidad y existe evidencia que lo demuestra. Llegar a todas las niñas y niños con un paquete de servicios esenciales universales, imprescindibles e indiscutibles que debe proveer el Estado (centros de atención integral a la primera infancia, escuelas, profesores, auxiliares de enfermería, vacunas, entre otros) es la única forma de romper el círculo vicioso de la pobreza para convertirlo en círculo virtuoso de progreso para todos.

¿Quién se puede negar? Si nadie está en contra, ¿qué nos detiene para hacerlo? Se requiere un compromiso político y social con esta agenda común de país, expandir las alianzas y esfuerzos en torno a ella, demandar la entrega de estos servicios a cada niña y niño, y monitorear sus avances.

Para Guatemala, invertir en la infancia debe ser prioridad hoy y en las próximas décadas. El momento de actuar es ahora, porque después será demasiado tarde.

Tenemos el poder de cambiar la historia y, como dijo el Tío Ben a Spiderman: “Con un gran poder viene una gran responsabilidad”. Es nuestra responsabilidad cambiar la historia de Guatemala, invirtiendo hoy en sus niños.