Con nombre propio

¿200 años de buscar libertad y democracia?

Alejandro Balsells Conde @Alex_balsells

Dentro de menos de una semana cumpliremos 199 años de firmada, en lo que ahora es el Parque Centenario (quizás pronto lo llamaremos bicentenario), el acta de independencia Centroamericana. Trece son las firmas al final del texto y ellos son los próceres formales de nuestra emancipación del imperio español.

Lo escrito reseña el contexto: “siendo públicos e indudables los deseos de independencia del gobierno Español, que por escrito y de palabra ha manifestado el pueblo de esta capital: recibidos por el último correo diversos oficios de Ciudad Real, Comitán y Tuxtla, en que comunican haber proclamado y jurado dicha independencia y excitan que se haga…” (hace 200 años sí había correo).

El artículo 1º del acta describe cómo aquel 15 de septiembre de 1821 se entendió la necesaria declaración de independencia: “que siendo la independencia del Gobierno Español la voluntad general del pueblo de Guatemala, y sin perjuicio de lo que determine sobre ella el Congreso que debe formarse, el Sr. Jefe Político lo mande publicar para prevenir las consecuencias que serían temibles en el caso de que la proclamase de hecho el mismo pueblo”. Se dispone cómo será convocado un Congreso “que debe decidir la independencia general y absoluta, y fijar en caso de acordarla, la forma de gobierno y ley fundamental que deba regir”, así como la cantidad de diputados por provincia, lo relativo a las juntas electorales y asegurar que “la religión católica, que hemos profesado en siglos anteriores y profesaremos en los siglos sucesivos, se conserve pura e inalterable, manteniendo vivo el espíritu de religiosidad que ha distinguido siempre a Guatemala, respetando a los ministros eclesiásticos seculares y regulares, y protegiéndoles en sus personas y propiedades”.

Se firmó un acta de independencia, pero se dejó a un Congreso (que no se integró) la decidiera. A los meses lo decidido fue la anexión al Imperio Mexicano (5 de enero de 1822) porque había un ánimo por conservar la vida colonial y la verdadera intención era no molestar, para nada, a los verdaderos grupos de poder.

Llegar a 200 años de vida independiente debe ser motivo para que los centroamericanos podamos esforzarnos para entender cómo se han construido estos países. Los verdaderos ánimos de libertad de los Próceres se evidencian después de que dejamos de ser parte de México porque se echa a andar una verdadera maquinaria liberal estableciéndose la Federación Centroamericana y si bien, de nuevo las luchas internas, no dejaron madurarla los objetivos republicanos y federativos fueron más claros.

Ya en 1824 al decidirse la verdadera independencia y dejar de ser parte de México algunos de los 13 firmantes del acta tenían una concepción más amplia de la libertad, llama la atención el miedo a que el mismo pueblo proclamase la independencia y por lo menos acá debemos ubicar un antecedente al pánico por la democracia. En el siglo 21 se han perfeccionado los sistemas para hacernos creer ideas de libertad, pero en la práctica asegurar sistemas poco libres en lo económico, político y social. La palabra democracia aguanta con mucho.

La independencia tiene como fundamento la libertad y la libertad es mentira si no hay en el país un sistema republicano y democrático fuerte, sin embargo, es imposible hablar de esto cuando la mayoría de la población sufre pobreza, la desigualdad es enorme, los pueblos indígenas son anulados, la institucionalidad cada vez es más precaria, la educación y salud son un lujo, y el ejercicio del poder es un cheque en blanco para el abuso, el nepotismo y los trinquetes. ¿Queremos otros 200 años para buscar una verdadera libertad?