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Adviento, camino de luz: ¡haya luz para Nicaragua!

Víctor Palma amons.esc@gmail.com

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Realidad buscada, amada y necesaria para la vida humana, la luz es también el símbolo de Dios mismo, según San Juan: “Dios es luz y en él no hay oscuridad” (1Jn 1,5). El creador de la luz (cf. Gn 1,3) salva a la Humanidad “haciéndola pasar de las tinieblas a su luz admirable” (cf. 1Pe 2,9) por medio del envío de su Hijo, quien pronunció: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas” (Jn 8,12). Aludiendo al peso del mal, del pecado y sus consecuencias como un “estar en la oscuridad”, afirmaba San Juan Crisóstomo (m.407 d.C.): “¿Quién aprecia más la luz, sino el que ha sentido el peso de las tinieblas?”.

El Adviento cristiano que inicia ya, desde esta tarde, es, pues, un “caminar en la luz y hacia la luz”, aquella que no es “algo sino alguien”, la persona de Cristo-Luz. Camino que implica el reconocimiento de que se está sufriendo el efecto de oscuridades que agobian y destruyen el destino humano. Es más, habrá que reconocerse francamente parte de aquellos que “amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas” (Jn 3,19).

Una llamada a la conciencia cristiana, a las iglesias comunidades de discípulos testigos descritas por Cristo como “luz del mundo…lámpara que se enciende, no para ocultarse, sino para ponerse en alto y que ilumine toda la casa” (Lc 11,33-35).

En este inicio de Adviento, en medio de las tantas y falsas luces del consumismo y robo de la Navidad, conviene “hacer silencio y contemplar” a Cristo, “y escuchar la voz del amor” (Papa Francisco, Navidad 2014).

Dos indicaciones resultan útiles para el agitado Adviento 2019 en América Latina: 1) Examinar las sombras que están a veces muy dentro de todos y cada uno, y que presionan para “hacer superficiales las llamadas fiestas de fin de año”, sin mencionar al Señor que viene. Un examen ineludible: el Adviento 2019 encuentra sociedades marcadas por el drama migratorio, por la fuerza maligna del crimen “muy bien organizado”, sin que todo ello, menos mal, logre borrar la esperanza de tantos, en familia especialmente, que se preparan para “encontrarse y dar gracias a Dios por la vida”; 2) Ese examen de las sombras que “quieren apagar la luz” pasa entonces por la solidaridad: ¡no hay una “magia de Adviento Navidad”, sino una llamada al “milagro del amor” que sane las heridas, que provoque el encuentro y no la confrontación.

El “dejarse iluminar, el purificarse”, no es una técnica de “embellecimiento externo, de adorno superficial”: cuestiona, sin perder la esperanza, hasta dónde la “luz que viene de lo alto” penetra los oscuros rincones de las decisiones contra la vida y dignidad de las personas, los “vicios” de todo tipo que conducen hacia las sombras que se oponen a Cristo-Luz.

El modelo de la Inmaculada Concepción, celebrada estos días próximos, no es una utopía: se recobra “pureza/santidad”, dejando las ideologías favorables a intereses particulares, buscando la paz en la obra de la justicia (cf. Is 32,17).

Como lo piden los obispos de Centroamérica desde su Secretariado reunido en Costa Rica estos días, que ella, Patrona de Nicaragua, conceda a su Iglesia perseguida con una voz manipulada como nunca, el poder recibir en la luz a Cristo, que viene trayendo una paz, “no como la del mundo” —que acalla al otro—, sino del diálogo, de la obra de la que está escrito: “Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios”. (Mt 5,9)