“Algo trama la mula contra los crisantemos”

Muchos escritores y artistas que salieron al exilio en 1954 siguen siendo desconocidos en los círculos literarios y artísticos de nuestro país, ya no digamos en espacios fuera de ellos. Aunque tienen obra publicada, su difusión ha sido escasa. Reconocerlos va más allá de lo sentimental: es observar el camino que recorrieron para comprender nuestra situación actual, ya sea social o literaria. La experiencia siempre tendrá algo que comunicarnos.
El huehueteco Rafael Sosa (1932), filósofo, narrador, poeta y ensayista es uno de ellos. Se licenció y doctoró en filosofía en México y Europa. Formó parte del grupo Saker-ti, que cohesionó artistas y escritores que marcaron época, entre ellos, Huberto Alvarado, Carlos Navarrete, Roberto Paz y Paz y Jacobo Rodríguez Padilla.

Para referirme a su poesía en ese espacio, seleccioné su libro Esbozo de nidos (Editorial Universitaria, 1976). Antes de compartir sobre el contenido, ponderaré la sencillez como un gran valor en este mundo complejo. En literatura, a diferencia del significado social, la sencillez es un logro difícil de alcanzar. Por obtenerla se cae en la simpleza; y por huir de ella, en la pedantería. La razón es que se tiene por sencillo lo que es simple y hosco; pero la sencillez y la simpleza son aspectos divergentes. O, por el contrario, escritores hay que intentarán encriptar sus mensajes con el propósito de ser reconocidos como eruditos, inalcanzables pensadores de nuestro tiempo.

Elogio la sencillez de Rafael Sosa en su poesía. Es un discurso que procede del intelecto, es decir —aunque parecerá contradictorio— surge de la formación de calidad, de la alta preparación que otorga capacidad extraordinaria para compartir ideas. Mientras más estatura intelectual poseen algunas personas más próximas parecen. (Puede que por eso sorprenda la sencillez mostrada por Luis von Ahn en las redes sociales; Bill Gates haciendo fila en un restaurante o Mujica en bus).

En la poesía de Rafael Sosa no destellarán relámpagos que iluminan la conciencia —que tan bien nos caen, a veces, siempre que vengan de Rilke, Celan o Hölderlin—, sino que identifica al ser humano con la existencia, con la naturaleza; enfoca ese instante único y perfecto del ser frente a los animales, la tierra o el agua. Sosa nos ofrece imágenes labradas con gallos, cocodrilos, aves de corral, azacuanes que se abren paso en el firmamento. De niño, “platicaba con las gallinas de la casa” (eran sus tías, dice). Si decimos “niebla”, damos a la palabra un significado común; para el poeta, niebla es “ese invento de las narizotas de los caballos”. Si vemos pájaros volando, nos recuerda que “Las garzas son pestañas que se le caen al cielo”. Y es que entre sus poemas abundan greguerías. “Descalza anda la lluvia por los tejados”. O ¿qué es un avión? sino un pastor de las alturas que va “arreando las nubes”.

Finalmente, comparto un poema a propósito de esta época de corrupción, vigilancia adormecedora y confianza en la tardanza:

“No/ No lo dudemos:/ algo trama la mula/ contra los crisantemos”

Todo el tiempo lo advierten los poetas, pero nadie les hace caso: el crimen acecha y no descansa. ¿No es verdad que nos encontramos en una situación nacional en la que cuando todo parece en orden, cuando las luchas contra la corrupción son fuertes gracias a las pocas instituciones con credibilidad, de pronto, algo sucede que despertamos con los crisantemos aplastados? Traición, descaro, mentiras; se acercan las elecciones; fiesta cívica; moderación; falsas esperanzas; de nuevo: “No lo dudemos: algo trama la mula contra los crisantemos”.