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Ambición democrática

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En los próximos días, Estados Unidos será anfitrión de la Cumbre por la Democracia, una iniciativa del presidente Biden, en la cual líderes de todo el mundo abordarán los peligros del autoritarismo, el combate a la corrupción y la protección de derechos humanos. Sorprendentemente, el gobierno de Guatemala es uno de los pocos que quedó fuera de la lista de invitados, junto con El Salvador, Nicaragua, Honduras, Venezuela, Cuba y Bolivia, por mencionar algunos de la región.

No es ninguna noticia que el mundo entero ha sido testigo de retrocesos democráticos. Diferentes índices y encuestas arrojan luz sobre este fenómeno; especialmente las consecuencias del desencanto con la democracia y el surgimiento de líderes que se aprovechan del descontento ciudadano. Por esta razón, la Cumbre por la Democracia jugará un papel determinante para generar acciones concretas y compromisos políticos duraderos. No obstante, surge una plétora de dudas alrededor de quiénes fueron tomados en cuenta a participar, la credibilidad del anfitrión y cómo se ve el éxito del evento.

Nuestro país, así como otros, puede ser considerado muchas cosas menos una democracia plena. Sin negar que hay un largo camino para resolver diversos problemas económicos, sociales y de gobernabilidad, Guatemala realmente no está a la misma altura (o bajeza democrática) que los otros dos países del Triángulo Norte que no fueron invitados a la Cumbre. Excluir a Guatemala deja un mensaje de cómo el gobierno de Estados Unidos percibe al país. Es interesante pues hace unos meses la administración estadounidense publicó la Estrategia para Abordar las Causas Fundamentales de la Migración, dirigida a Guatemala, El Salvador y Honduras. Ahí incluyen la importancia de trabajar con estos países y empujar una agenda de gobernabilidad democrática. ¿Cómo lo lograrán si los excluyen del evento más importante para lograr compromisos directos con esta agenda? Ahora bien, hay que destacar que la labor colaborativa entre Estados Unidos y nuestro país puede llevarse a cabo en múltiples niveles, no exclusivamente con el gobierno. Si bien es importante dialogar con el gobierno de turno, existen muchos liderazgos guatemaltecos que comulgan con los valores de una democracia liberal, de lucha contra la corrupción, que denuncian los abusos de poder y que deben ser tomados en cuenta como los llamados a revertir el mal estado de la democracia actual.

En todo caso, dejar a un lado a los países del Triángulo Norte, en especial a Guatemala, es un potencial desacierto. Por un lado, porque Guatemala ha sido el interlocutor más abierto de los tres países con la administración Biden-Harris para colaborar en disminuir el flujo migratorio y la reciprocidad entre ambos países puede verse afectada. Por otro lado, por el riesgo de que la influencia de China o Rusia crezca en nuestros países si las relaciones con el gobierno de Estados Unidos se deterioran. También por lo fácil que ha sido que los países centroamericanos caigan en manos de líderes populistas, lo cual es un peligro latente para el futuro democrático de Guatemala.

Finalmente, la Cumbre ha recibido fuertes críticas, pues para algunos la credibilidad del anfitrión es débil. Sus problemas en casa son tan grandes como los problemas que ellos identifica en otros países. Por lo tanto, ¿cómo será exitosa esta Cumbre? Hay muchos escépticos, pero también muchos entusiastas en torno a sus resultados. Los últimos años han sido malos para la democracia, no solo en la región sino a nivel mundial, pero ¿qué hacemos? ¿Nos damos por vencidos? Definitivamente no.