Cable a tierra

Asistencia económica en tiempos de covid-19

Karin Slowing karin.slowing@gmail.com

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¿Qué tiene que ver la discusión de las medidas económicas con la gestión efectiva de la epidemia del covid-19? ¡Tiene absolutamente todo que ver! El aislamiento social, la necesidad de guardar distancia para no contagiarse es una de las principales medidas para detener la dispersión del virus y parar el contagio entre personas. Esto ha implicado desde cerrar fronteras, detener vuelos y no aceptar el ingreso de personas, hasta parar la actividad económica porque implica la aglomeración de gente en lugares de trabajo, en el transporte público, en los centros de comercio, enseñanza y mucho más. La afectación económica de la pandemia es una de sus consecuencias más fatales y de más largo y profundo alcance. Por eso las decisiones que tome el gobierno en esta materia son tan críticas como las que toman en materia de salud pública. Ambas, juntas, son determinantes para la gestión efectiva de la epidemia y para que podamos salir pronto de esta etapa, sin que signifique perder vidas innecesariamente.

Por eso, hoy hago un llamado urgente al presidente para que el gobierno acelere el paso y simplifique los procesos que lleven a ejecutar esa asistencia económica de manera inmediata. No solo es necesaria para contener el deterioro de la economía; es determinante para interrumpir la transmisión del virus, al asegurar el cumplimiento del “Quédate en casa”.

El gobierno no puede exigirle a la gente que se quede metida en su casa si no tiene cómo asegurar que sus familias contarán con alimento y con un ingreso mínimo que les permita afrontar otros gastos mientras dura este período especial. La gente no debe tener que escoger entre conservar su empleo y arriesgarse a infectarse con el virus con tal de que no la despidan o suspendan, especialmente, en una economía que normalmente ofrece tan pocos puestos de trabajo formales. Es obvio que la gente tomará el riesgo, pues ingenuamente cree poco probable que se contagie o que enferme. ¡Así funciona nuestro cerebro en negación!

La poquísima información epidemiológica que ha dado el gobierno muestra que, en Guatemala, son las personas jóvenes, en edad de trabajar, quienes se están contagiando con el virus. Eso explica por qué la mortalidad por el covid-19 no ha sido tan alta todavía, lo cual es de alegrarse, pero sí implica que tenemos en la gente joven un potencial ejército de portadores del virus hacia sus hogares y a los miembros de sus familias de más avanzada edad o con problemas crónicos de salud, y que sí corren el mayor riesgo de morir. También, de prolongar la epidemia.

Si los que tienen empleo formal están sufriendo económicamente, imagínese cómo le va a quienes sobreviven en la economía informal, que viven de sus ingresos del día; no digamos quienes son pequeños agricultores o en infrasubsistencia, sin poder cultivar o perdiendo sus cosechas; o a los profesionales en autoempleo, que han tenido que dejar de ofertar sus servicios o cerrar sus centros de trabajo. Esta epidemia ha desnudado plenamente la extrema fragilidad de la economía guatemalteca: no afecta solo a la micro y pequeña empresa, o a la mediana, sino también a las grandes empresas. ¡Nadie diría que son estas las que normalmente acaparan la mayor parte de la riqueza que se genera en el país!

De nada sirve que el Congreso haya apoyado el nuevo endeudamiento y el gasto adicional, si el Ejecutivo se tarda en ejecutar las medidas. La ayuda económica se necesita ¡ahora! Dentro de un mes será tarde. Reconstruir la economía será mucho más difícil así, pero también el esfuerzo habrá perdido propósito como soporte esencial de las medidas de salud pública que se necesitan para detener la epidemia.