Pluma invitada

Carta a Kamala Harris

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Tras la pasada reunión entre la Vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, y ciertos personajes erróneamente catalogados como “líderes de la justicia”, no me queda más que cuestionarme: “¿Cómo se escoge cuál es el lado correcto de la historia?”. El lado correcto de la historia no se puede ver inmediatamente, sino solamente se puede determinar al pasar de los años y ver los impactos reales de las decisiones tomadas en el pasado. Información tergiversada, manipulada y disfrazada de verdad puede estar llegando hoy a la comunidad internacional de las mismas voces que han sido el obstáculo para esa prosperidad que tanto se anhela. Escuchar a esas personas que se victimizan, que se hacen las inocentes, pero que son responsables directas del sistema fallido de Guatemala es un desacierto enorme, y las futuras generaciones, guatemaltecas y norteamericanas, podrían pagar la factura de esa equivocación profunda. Es momento de reflexionar sobre ello y reencauzarse hacia las acciones que nos llevarán a una verdadera prosperidad.

Las acciones tienen repercusiones, eso es algo innegable. Las decisiones de esas personas que hoy se presentan como víctimas de la injusticia han sido las que han llevado al país a la situación actual. Los migrantes han expresado de manera fuerte y clara que buscan salir de las fronteras por la falta de oportunidades; es decir, la falta de empleo para poder vivir dignamente y sacar a sus familias adelante. Al buscar las explicaciones de esa falta de oportunidades, ¿con qué nos encontramos? Con fallos judiciales que causaron cierres de empresas y, consecuentemente, la pérdida de empleos. El cierre de la Mina San Rafael impactó a más de 30 mil trabajadores, incentivando la migración. Además, esos fallos judiciales pusieron a tambalear aún más la certeza jurídica del país, ahuyentando a los inversores potenciales que ponían sus ojos en Guatemala. Todavía recuerdo cuando en el 2013, en Cámara de Industria, se realizó el más grande evento de inversión y se proyectaba un importante ingreso de capital extranjero al país. Fui testigo de la voluntad de empresarios alrededor del mundo de hacer negocios. Lastimosamente, también fui testigo de cómo la falta de certeza jurídica que se vislumbraba en el futuro cercano por resoluciones judiciales nefastas, inestabilidad política y la persecución selectiva ahuyentaban poco a poco esas inversiones.

Cómo se pretende propiciar un sistema más transparente y más imparcial cuando se les da un espacio de opinión a los mismos personajes que han incumplido los debidos procesos, que han abusado de su poder, que han realizado una justicia selectiva basada en criterios ideológicos y discrecionales para satisfacer agendas individuales.

No podemos hablar de prosperidad sin hablar de empleo. El sector privado es el único que tiene el potencial de generar esos empleos formales, crear prosperidad y evitar la migración. ¿Por qué, entonces, no se escucha al sector privado y se generan propuestas conjuntas para implementar proyectos que genuinamente aporten al desarrollo?

No esperemos una década o dos para conocer los resultados de las decisiones que se están tomando hoy. Las acciones de hoy son determinantes para el futuro. Hago un llamado a los Estados Unidos y a la vicepresidenta Kamala Harris a no dejarse influenciar por versiones tergiversadas disfrazadas de verdad y estar del lado correcto de la historia. Ese lado correcto de la historia se hará evidente cuando veamos crecimiento económico, justicia real y una fuerte institucionalidad. Escuchar a los distintos sectores será clave para lograrlo. Como sector privado y empresarios, estamos en la disposición de ser aliados.

 

*Empresario