Al grano

Celebrando la libertad de prensa

Eduardo Mayora Alvarado emayora@mayora-mayora.com

Publicado el

Todo ser humano percibe la realidad de manera subjetiva, con lo cual no quiero decir que su visión propia de las cosas sustituya a la realidad. Pero, lo que para una persona puede parecer una tarde de tonos melancólicos, para otra puede no ser más que una tarde aburrida. Eso, sin siquiera tener interés quien observa el horizonte en que parezca una cosa u otra. Cuando sí se tiene interés en que las cosas se perciban de cierto modo, la complicación es todavía mayor.

Todavía más problemática es la percepción de realidades complejas, como la gestión de las administraciones públicas, por ejemplo. Aquí, hay personas interesadas en que la generalidad de los ciudadanos perciba que la gestión es eficiente y oportuna, las hay interesadas en que se perciba exactamente lo contrario y, entre los ciudadanos, no todos valoran por igual dicha gestión, pues, ellos también, tienen intereses diversos.

Así, el desarrollo de un proyecto de transporte colectivo bajo la administración del partido “X” generalmente recibirá críticas negativas interesadas de parte de los integrantes de los partidos opositores, valoraciones favorables de parte de quienes se servirán más frecuentemente de ese servicio y cierto rechazo de quienes perciben que ellos pagan por algo que no les beneficia directamente.

Hoy en día, en todas las redes sociales se escuchan esas voces disonantes y, en vista de que los ánimos están crispados en torno a las diferencias ideológicas, un observador imparcial encuentra no poca dificultad para entender, realmente, qué está pasando.

Creo que es ahí donde entra una prensa libre y profesional. En efecto, el ciudadano medio no tiene forma de despojarse de sus prejuicios, del color del cristal con que mira la realidad, de su origen y condición social, de su situación personal de cara a cada tema de la vida social y política de la comunidad en que vive, etcétera. Sus conciudadanos, esos que también tuitean y postean críticas, comentarios, condenas y mucho más, están en similar situación y, sin embargo, todos necesitan conocer —hasta donde sea humanamente posible— la verdad.

De ahí que la libertad de prensa sea tan fundamental para la convivencia humana. El periodista que, con las herramientas de su profesión y en libertad, investiga sobre un problema del acontecer social o político, procura conocer y entender los fundamentos de cada una de las posturas que se enfrenten y se enfoca en entregar a sus lectores una síntesis de las principales aristas de cada problema de la vida social; presta un servicio invaluable.

La viabilidad de una sociedad abierta depende, en gran medida, de que la prensa pueda investigar, recabar las opiniones encontradas, exigir la evidencia o el fundamento de lo que afirma cada actor en el escenario de la vida pública. Y, una vez hecha esa labor investigativa, también depende de que los reportajes se confeccionen y publiquen con sentido de responsabilidad profesional y observando las técnicas propias del periodismo contemporáneo.

El hecho de que, como algunos opinan sin mayor reflexión, se publiquen malas noticias, se expongan los desaciertos en la gestión pública, se cuestionen las intenciones de los responsables de llevar las riendas de un gobierno o, simplemente, se publiquen noticias y opiniones que no gusten, de manera alguna justifica una limitación de la libertad de prensa. Como suele decirse, es una estupidez disparar al mensajero porque haya dado una mala noticia. ¡Viva la libertad de prensa!