Registro akásico

Cerca la III Guerra Mundial

Antonio Mosquera Aguilar http://registroakasico.wordpress.com

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Hitler alegó que los Sudetes, unos territorios checoslovacos, tenían población alemana. Pidió anexarlos a Alemania y, de paso, en 1938, sujetó militarmente a todo el país. Putin alega que Donetsk y Luhansk tienen población rusa, y anuncia su anexión a Rusia. Pero, al contrario del dictador alemán, fracasó en sujetar militarmente a su país vecino.

Neville Chamberlain, el primer ministro inglés, manifestó que Hitler se conformaría y dejaría su política expansiva, practicada en Austria bajo el concepto de conexión, Anschluss en alemán. Se trataba de rehacer la unidad de los arios. Pero, en 1939, invadió Polonia. Por su parte, Putin, el 21 de febrero del corriente, argumentó el carácter artificial de Ucrania por los soviéticos. Un tiempo atrás, había mencionado la necesidad de formar una nación trina, basada en la unión de los eslavos. Tres días después, invadiría a la nación vecina. Seguido, reforzó su enclave de San Petersburgo, con una flota y aviación equipados con armas nucleares.

EUA tiene una inteligencia privilegiada; avisó con antelación la invasión de Ucrania. El Vaticano también es un entramado de comunicaciones y descubrimiento previo de decisiones secretas. El Papa notificó el inicio de la Tercera Guerra Mundial; no se le tomó en serio, pues se pensó se trataba de un recurso retórico. No obstante, resolvió utilizar la fuerza espiritual para moderar a los dirigentes políticos frente al venidero desastre. Para el efecto, acudió a la conferencia interreligiosa organizada por el gobierno de Kazajistán desde hace 20 años. Acudieron representantes del hinduismo, sintoísmo, zoroastrismo, el rabino asquenazi David Lau y el sefardí Yitzhak Yosef, el patriarca greco-ortodoxo de Jerusalén Teófilo III, el gran imán Al-Azhar Ahmed El Tayeb. Debía acudir el patriarca ruso-ortodoxo Kirill I, para hacer un llamado a la paz; pero no llegó, solo envió subordinados. La Iglesia ortodoxa rusa está en el camino de la guerra santa. ¡El cielo nos reciba confesados!

En su último discurso del 21 de septiembre, Putin decretó la movilización militar nacional y amenaza con lanzar bombas atómicas, si se ataca su territorio. Obviamente, al anexar las provincias extranjeras, pasan a formar parte del territorio ruso; por lo tanto, si se reciben bombardeos convencionales, procederá a lanzar ataques con el arma atómica: al principio tácticas, después estratégicas. Y la mayor parte del mundo volverá a la edad de piedra.

Esto es muy serio. Si hay guerra nuclear, todos en el mundo seremos afectados. No porque nuestro país reciba un ataque, sino por las consecuencias en el reajuste mundial y la degradación ambiental resultante.

Entre lo dicho por el autócrata ruso, en apenas una pequeña frase, indica haber conseguido desnazificar el área controlada militarmente. Puede pasar desapercibida, bajo el fárrago de grosero patrioterismo, pero acaricia una esperanza de un cese al fuego. No obstante, para ello, se necesita de la buena voluntad de la OTAN, la conveniencia de EUA y la aceptación del cese al fuego de Ucrania, con pérdida territorial. Una coincidencia de voluntades e intereses, difícil.

Somos una región libre de armas atómica; esperamos respeto. Debe haber comunicación entre las cancillerías para anticipar la coordinación de esfuerzos por emergencias, tal como esta amenaza en un horizonte lejano. El interés nacional obliga a las autoridades a no entrometerse. No obstante, como dijo la reina Elizabeth II, recién fallecida, durante el período más negro por los bombardeos contra el Reino Unido: Nos volveremos a ver de nuevo. Le agregamos: ¡Ojalá!