Con otra mirada

Cómo empezó la protección de La Antigua Guatemala

José María Magaña Juárez jmmaganajuarez@gmail.com

La llamada Carta de Atenas surgió de la 1ª Conferencia Internacional de Arquitectos y Técnicos de Monumentos Históricos, celebrada en aquella ciudad en 1931. Incluyó siete resoluciones llamadas Carta del Restauro, definiendo los principios fundamentales para proteger el patrimonio cultural. Ese mismo año, un joven Verle Lincoln Annis, con experiencia en investigación de la arquitectura colonial de Norteamérica, México y California, fue propuesto por el doctor Edgar Lee Hewett, director de las Escuelas de Investigaciones Americanas del Instituto Arqueológico de América, para estudiar La Antigua Guatemala.

Llegó a Guatemala en 1934; tomó unas 1,500 fotografías e hizo los primeros dibujos preliminares. En 1938 dedicó ocho meses para hacer levantamientos arquitectónicos, dibujos acotados y de detalle, así como investigación de documentación histórica en diferentes archivos. Conoció al doctor Wilson Popenoe, agrónomo que vino para hacer estudios botánicos, a quien manifestó su interés por que la histórica ciudad fuera protegida.

La II Guerra Mundial, como sabemos, se originó con la invasión de Alemania a Polonia, el 1 de septiembre de 1939, y terminó el 2 de septiembre de 1945. La misión de estudio fue suspendida. Guatemala se alió a EE. UU. y declaró la guerra a Alemania. EE. UU. instaló una base militar en el aeropuerto La Aurora. Fue creado el Hospital Roosevelt, previendo atender emergencias militares, y la Dirección de la Escuela Politécnica estuvo a cargo de oficiales norteamericanos. En 1943, el embajador Boaz Long, amigo del doctor Popenoe, escribió a Annis solicitando sugerencias para la conservación de los edificios históricos. Hubo cruce de correspondencia y apoyo de autoridades locales. Annis sugirió declarar a La Antigua Guatemala patrimonio nacional.

El embajador entregó el informe al presidente Jorge Ubico, quien lo aprobó y envió al Congreso; de inmediato fue emitido el decreto No. 2272, del 30 de marzo de 1944, declarando a La Antigua Guatemala monumento nacional.

Del II Congreso Internacional de Arquitectos y Técnicos de Monumentos Históricos, celebrado del 25 al 31 de mayo de 1964, emanó la Carta de Venecia, denominada Carta Internacional para la Conservación y Restauración de Monumentos y Sitios. Su primera consideración dice: “Cargadas de un mensaje espiritual del pasado, las obras monumentales de los pueblos continúan siendo en la vida presente el testimonio vivo de sus tradiciones seculares. La humanidad, que cada día toma conciencia de la unidad de los valores humanos, los considera como un patrimonio común, y de cara a las generaciones futuras, se reconoce solidariamente responsable de su salvaguarda. Debe transmitirlos en toda la riqueza de su autenticidad”.

Mientras eso sucedía en el mundo, en Guatemala se había creado, en 1958, la primera Facultad de Arquitectura de Centroamérica (Usac), desde la cual cobró fuerza, entre catedráticos, profesionales y académicos, la inquietud por proteger de mejor manera La Antigua Guatemala. Haciendo uso de su capacidad de gestión y vínculos con instituciones como el Infom, en donde laboraban jóvenes arquitectos, solicitaron la preparación de un plan regulador para la ciudad (arquitecto Alfonso Yurrita, 1967), que dio apoyo a la formulación de la Ley Protectora de La Antigua Guatemala, decreto 60-69 del Congreso de la República.

Hago notar que el presidente era Julio César Méndez Montenegro; el ministro de Educación, Carlos Martínez Durán, y el Organismo Legislativo lo presidía Enrique A. Claverie Delgado. Nombres cuya mención permite entender cómo fue posible aquel prodigio.

En su exposición de motivos, la Ley Protectora hace suyos los postulados de la Carta de Venecia; de ahí su universalidad y vigencia.