Con otra mirada

Conservación, paisaje y los ojos de un viajero

José María Magaña Juárez jmmaganajuarez@gmail.com

Desde los instrumentos técnico-legales que definieron los criterios de conservación del patrimonio cultural (Carta de Atenas, 1931 y Carta de Venecia, 1964) ha corrido mucha agua bajo el puente. Hoy, el debate sobre la conservación de centros históricos gira en torno al criterio de conservar a ultranza el urbanismo y la arquitectura de los períodos a ser conservados; y al de quienes se oponen al “congelamiento de la historia”, que en su opinión limita la vida y dinámica de la ciudad, contentándose con conservar lo más representativo.

La conservación de La Antigua Guatemala fue decretada en 1969 mediante una ley específica y creada la institución ad hoc para su protección. Se distingue de las demás ciudades capitales hispanas del S. XVI, por haber sido trasladada a fines del XVIII a causa de los terremotos que la destruyeron parcialmente. Permaneció abandonada, y pese a su repoblación en el S. XIX, sus grandes monumentos siguieron en ruina y su estructura urbana incólume. Eso resultó ser un valor agregado, pues no sufrió los cambios inherentes al crecimiento de los siglos XIX y XX.

El valle en que se asienta, rodeado de montañas y tres volcanes, el de en medio en permanente actividad, hacen del conjunto una unidad urbana, arquitectónica y de paisaje indivisible; por lo que el concepto moderno de paisaje urbano histórico le es propio.

El paisaje es un patrimonio y por lo tanto considerado un bien común que nadie tiene derecho a alterar o poner en riesgo, sea natural, urbano o arquitectónico. La Antigua Guatemala requiere de un plan de conservación y uso de los monumentos abiertos al público que prevea el acceso y uso de terrazas y puntos altos. De igual manera habrá de considerar la arquitectura doméstica, cuyas terrazas sean sujeto de estudio a fin de gozar de las vistas espectaculares, sin alterar su hegemonía arquitectónica, tipológica y paisajística.

Siguiendo ese criterio es fácil inferir la interpretación del arquitecto sevillano, Javier Aguilera Rojas, especializado en urbanismo hispano americano. Autor de libros relacionados, incluido Antigua, capital del Reino de Guatemala, publicado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España, 2002.

Javier, el colega y amigo, es amante de volcanes y fascinado por las sirenas, por lo que La Antigua Guatemala sin duda ejerció importante influjo en su más reciente obra, Cuaderno de viaje, en el que dedica un capítulo a Guatemala. Su portada es una sirena antigüeña, alada, erguida sobre su cola. Sobre La Antigua Guatemala dice: “—Fíjate Édgar, allí está el volcán de Fuego. Es impresionante, ¡sale humo de su cono! ¡Está aquí al lado y nadie se inmuta!

“—No sé si me impresiona, más que el volcán de Fuego, el volcán de Agua, que está mucho más cerca. Está casi encima de la ciudad. Volcán de <agua>. El agua, el agua… algo mágico tiene aquí el agua con la ciudad llena de tantas fuentes tan singulares decoradas con sirenas.

“… en la plaza mayor, de la gran fuente de las sirenas, echando agua por los pezones. Eso debe de ser como el símbolo de la vida. ¿Qué habrá detrás de todo ese simbolismo? ¡Qué curiosidad!

” —Sirenas, tan lejos del mar. Es raro.

“—No sé qué pasa aquí con las sirenas. Están por todos lados.

“Creo que forman parte de este mundo mágico guatemalteco. De esa magia que va desde los mayas hasta la época de los virreinatos. Y que luego se prolonga hasta la actualidad…”

Para los interesados, el libro está en la librería Centro de Arte Moderno, Galileo, 52, Madrid / por Tel. + 34 914 298 363 / y online: www.libreriadelcentro.net