Si me permite

Convivir es hacer espacio para integrar a otros

Samuel Berberián samuel.berberian@gmail.com

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“La familia se defiende inculcando a los menores los valores de la convivencia y el respeto a todos”. Esteban Garais

En ningún lugar del mundo creo que puedan considerar a la soledad como una alternativa saludable y favorable; por el contrario, siempre se recomienda para una sana manera de vivir compartir tiempo, ideas y espacio para que ambas partes puedan ser enriquecidas y puedan creativamente avanzar en todo lo que emprendan.

Cuando estamos pensando en convivir, estamos entendiendo que debemos saber compartir, y en la manera que sepamos hacerlo disciplinadamente el círculo de la sana convivencia se irá ensanchando al extremo de que llegaremos a ser parte de una comunidad que se siente apoyada y segura, porque no estará descuidada y abandonada. Siempre habrá quién pregunte por uno y lo busque, no por la necesidad, sino por la convivencia.

Es sorprendente cómo uno puede hacer espacio en el tiempo, por más ocupado que esté, y en momentos cuando el espacio es limitado siempre podemos hacer un poquito de lugar para que otro pueda integrarse en el grupo. Esto es lo más sano que podemos enseñar a nuestros niños, sea en el juego o en el estudio, que puedan saber incluir a aquellos que aparentemente no tienen con quien estar.

Cuántos de nosotros tenemos presente a alguien que una vez se tomó la molestia de incluirnos en el grupo y llegamos a ser parte de él por el resto de la vida. La gran pregunta es si ese es mi proceder, de incluir a otros en relaciones significativas y no de aquellos que tristemente solo buscar relaciones muy exclusivas que poco favorecen.

Cuando en nuestras relaciones somos respetuosos se nos abren muchas puertas para poder ser incluidos en muchos otros grupos, los cuales pueden ser variados y esto nunca habrá de anular la existencia de estructuras de autoridad que la sociedad tiene, y aunque en algunos de los casos los encuentros no siempre se dan en el mismo lugar deben planificarse para que estos sean favorables y sanamente agradables.

Es sorprendente cuando se sabe cultivar la convivencia con paciencia y respeto como se logra alcanzar afinidad, porque si bien algunos puedan tener posturas y perfiles muy diferentes, con el tiempo se tornan complementarios y se pueden ayudar para poder lograr metas y proyectos porque se tuvo el apoyo necesario de los que conviven con uno, sea porque lo animan a uno o bien porque lo encaminan para que se puedan alcanzar las metas, que si no hubiera la correcta relación con las personas no se hubieran alcanzado. No es sorpresa que muchas veces se nos cuestione de cómo hemos podido alcanzar algunas cosas y debemos admitir y dar crédito a aquellos que en el proceso de la convivencia fueron el elemento determinante del logro.

Por lo mismo, la sana convivencia nunca atropella a nadie. Es posible que alguna vez percibamos que no es el lugar apropiado para nosotros y con discreción uno pueda alejarse, no porque el grupo no sea el correcto, sino porque nuestros intereses no se ajustan al grupo y se entiende que este no tiene que cambiar para acomodarse a uno, sino uno es quien se va acomodando en la medida que se integra.

En la manera como nuestra sociedad va creciendo, debemos saber cómo ocupar nuestro lugar y reconocer el lugar de los demás, para que en cada movimiento todos sean favorecidos y sepamos interdepender sin imponernos.