A contraluz

Covid-19: los buenos y los malos de la película

Haroldo Shetemul @hshetemul

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¿Cuál es la mejor alternativa para enfrentar la crisis de la covid-19? Ampliar el confinamiento o quitarlo para no afectar la actividad económica. Poco a poco se ha polarizado esta discusión y algunos comienzan a poner etiquetas ideológicas. Así se considera que el clamor por prolongar las restricciones proviene de las izquierdas, lo cual llevaría al quiebre de la actividad económica. Ergo: los zurdos son los malos de la película. La derecha, al contrario, sería la salvadora porque propugna por abrir la economía en el corto plazo para evitar el colapso del país. En esa lógica, el gremio de médicos y prominentes epidemiólogos que recomiendan un mayor aislamiento social serían furibundos izquierdistas. Hasta el presidente Giammattei estaría ondeando la bandera roja por imponer el toque de queda y las restricciones de locomoción departamental.

El ultraderechista Jair Bolsonaro sería un héroe porque está en abierto desafío a las decisiones de los gobernadores, apoyadas por médicos y parlamentarios, de imponer el aislamiento social para combatir la pandemia en Brasil. Bolsonaro, sin medidas mínimas de protección, ha encabezado manifestaciones para exigir la apertura inmediata de la actividad económica. En ese cuadro ideológico no cuadran los izquierdistas López Obrador, en México, y Daniel Ortega, en Nicaragua, que rechazan las restricciones.

¿Qué pasó cuando no se tomaron medidas de distanciamiento social? Bérgamo, al norte de Italia, es un ejemplo. En febrero se conoció la expansión de la pandemia y las autoridades locales esperaban las disposiciones oficiales para imponer restricciones. Nunca llegaron. El sector empresarial evitó que se tomaran esas medidas y todo continuó normal. El resultado fue que la mortandad en esa ciudad aumentó solo en marzo en un 400% respecto del año anterior y se convirtió en el área más golpeada de Europa. Los vecinos vieron cómo decenas de camiones se llevaron cadáveres a otras localidades porque el cementerio ya no se daba abasto y el crematorio funcionaba 24 horas al día.

Otro ejemplo. El primer ministro británico Boris Johnson fue reacio a las restricciones. Se negó a escuchar a la comunidad científica. Siguió la estrategia de la “inmunización del rebaño”, según la cual a medida que más personas se infectan más personas se recuperan y actúan como cortafuego para detener el avance de la pandemia. A mediados de marzo se cayó esa estrategia cuando el mismo Johnson fue infectado con el virus y fue internado de emergencia. Hasta entonces el Reino Unido cerró la actividad económica y se confinó a la población, como ya lo hacían desde antes otros países europeos.

Pienso que es erróneo poner etiquetas ideológicas a la hora de enfrentar a la covid-19. Hay un elemento en común: todos nos enfrentamos a un único enemigo y todos debemos salir adelante. La estrategia seguida por el presidente Giammattei mal que bien ha dado resultados y no ha paralizado totalmente la actividad económica, más ahora que el toque de queda comienza hasta las 18 horas. Debemos recordar que esta es una emergencia de salud, por lo que los primeros a escuchar deben ser los científicos, y eso no tiene tinte ideológico.

Es correcto el llamado de atención a no descuidar la actividad económica, de la cual dependen no solo el sector empresarial, sino los trabajadores y el país en su conjunto. El apoyo económico del Gobierno no resolverá la crisis porque está ligado a más deuda y al clientelismo político. Es solo un paliativo. La verdadera solución es la reactivación económica, pero si antes no contenemos la pandemia lamentaremos una tragedia nacional. Guatemala tiene un pésimo sistema de salud que no se dará abasto. Por eso ahora la prioridad es aplanar la curva para contener la pandemia. Es solo cuestión de aguantarnos un poco más para reiniciar la actividad económica con toda certeza.