Nota bene

¿Crisis política y sanitaria?

Los grupos con tendencias más represivas y paternalistas que las exhibidas por el presidente Alejandro Giammattei quisieran sumar una aguda crisis política a la crisis sanitaria provocada por el coronavirus. Azuzar las pasiones políticas en contra de las autoridades electas rara vez resulta en una ampliación o un resguardo de la libertad ciudadana.

El covid-19 parece ofrecer una oportunidad a los izquierdistas alrededor del mundo para resucitar a la moribunda lucha de clases. Hasta suenan celebratorios ante el sufrimiento humano. “La crisis del corona no carece de ventajas”, escribe la socialista alemana Ulrike Herrmann, quien quiere eliminar de una vez por todas al capitalismo. La actual tarea del marxista es señalar la incapacidad de la clase capitalista para resolver la pandemia. Se recomiendan unos a otros retratar el aislamiento social como un lujo económico y recordar a los pobres que los ricos pueden costear hospitales privados. Siembran odio y paranoia visualizando a los poderosos políticos y sus corporaciones amigas llenándose los bolsillos mientras permanecemos encerrados. La revista socialista Monthly Review resume el sentimiento con su titular: “El coronavirus nos impele hacia el comunismo”.

La izquierda guatemalteca replica estos mensajes. El covid-19 desnudó a un Estado fallido, dice la excandidata presidencial por el Movimiento para la Liberación de los Pueblos (MLP) y miembro del Comité de Desarrollo Campesino (Codeca), Thelma Cabrera. “El acceso desigual a los servicios de salud es lacerante”, reclama el Movimiento Semilla. “La crisis del covid-19 está exponiendo las fallas de un sistema económico mundial podrido que solo busca dinero a costa de destruir la vida y la paz en el planeta”, afirma un comunicado del Consejo del Pueblo Maya. Advierte Vitor Gaspar, del Fondo Monetario Internacional, que estallarán disturbios cuando se flexibilicen las restricciones a la movilidad, si el pueblo percibe que las medidas de mitigación favorecen a las clases altas.

No olvidemos que, bajo un régimen socialista, de poco valdrían nuestros reclamos por los derechos humanos. Los vietnamitas, chinos, norcoreanos, cubanos y venezolanos han sido sistemáticamente e injustamente reprimidos desde mucho antes de la llegada del coronavirus. Sus movimientos ya eran monitoreados por aparatos estatales de vigilancia diseñados para perseguir a los disidentes; poco les cuesta usar sus cámaras para detectar a los contagiados y a las personas con quienes entraron en contacto. Algunos países socialistas no necesitaron de un covid-19 para ver colapsados sus hospitales públicos: Venezuela no pudo atender un brote de malaria y Amnistía Internacional señala que el gobierno de Corea del Norte gasta menos de US$1 por persona al año en servicios de salud (supuestamente gratuitos). El desabastecimiento de alimentos y hambre también son usuales en estos países. Sus gobiernos no son transparentes: omiten datos epidemiológicos y niegan a sus muertos, y esconden la pobredumbre y la corrupción rampante.

¡Guatemala definitivamente no debe caer en manos socialistas!
En las semanas pasadas, la prioridad del presidente Giammattei ha sido médica. Ahora debe reafirmar su compromiso con el Estado de Derecho y con el bienestar socioeconómico de los guatemaltecos. Lejos de ser un déspota benévolo o un dictador marxista, el presidente electo asumió el compromiso de respetar las garantías constitucionales que protegen la libertad y dignidad de todos los guatemaltecos. Las temporales restricciones que nos fueron impuestas no pueden costarnos el orden constitucional ni provocar un desastre económico de proporciones superiores al mal que se intentó combatir.