De mis notas

Cuando la ruta es corta mejor tómese el camino largo

Alfred Kaltschmittalfredkalt@gmail.com

Cuentan de la vez que en las granjas colectivas de la extinta Unión Soviética el administrador solicitó repuestos urgentes para la maquinaria agrícola que requerían para sembrar a tiempo y garantizar la cosecha. La burocracia soviética era tal que los repuestos llegaron cuando la cosecha ya había pasado. Nuevos insumos eran necesarios y el círculo vicioso se repetía una y otra vez.

Es el mismo ejemplo del puente que se comenzó a construir sobre un caudaloso río pero se tardaron tanto en construirlo que cuando lo terminaron, el río se había secado. No había necesidad de puente…
El preámbulo es para ilustrar el efecto que la ineficiencia y los intereses perversos de la burocracia, los sindicatos y la dirigencia politiquera han venido causando desde la antigüedad con esa tendencia, que más que tendencia es un virus que está latente y no se extingue ni se aplaca, sino con la libertad individual de escoger y producir libremente dentro de un sistema que facilite y motive la productividad y la eficiencia.

Sean largas colas para tramitar un pasaporte —porque le quitaron el contrato a la empresa privada que lo hacía tan bien— o una simple fe de edad para inscribir a los niños en ciclo escolar, o la carga tan nefasta que un Jodiel le impone vía “su” sindicato, cooptando a miles de maestros con la primitiva fórmula de “o te unís o te jodo”, con su nefasto poder conferido por el cáncer de los “pactos colectivos”.
Unos minutos es lo que le toma a uno tramitar la licencia de conducir desde que el Estado contrató a una empresa especialista hace años. Antes eran días. Ahora nadie se queja. Todos se benefician.
Los mejores servicios que brinda el IGSS son los que subcontrata. Lo mismo en el peaje de Palín, que la molestia más grande es que todos lo prefieran a la otra carretera “gratis”.

Por eso se ha recibido con tanto aplauso la revocatoria por parte de la Corte de Constitucionalidad en suspender el reglamento para contrataciones de trabajo de tiempo parcial fallando que su implementación “no” es inconstitucional.

Por fin se ve que el sentido común y los intereses individuales prevalecen sobre los de los sindicalistas que tenían esta ley maniatada ilegalmente. De la noche a la mañana, decenas de miles de personas pueden trabajar unas horas al día. La madre que deja a los niños en la escuela, el jubilado que puede trabajar por horas en una oficina, el joven haciendo teletrabajo antes de ir a la universidad; por fin se termina el puente cuando el río aún está caudaloso, cuando se necesita…

Existen otros ríos caudalosos que desafían nuestro desarrollo; por ejemplo, la ley de infraestructura vial, que según el FMI, un aumento del 1% del PIB en infraestructura vial ayudaría a reducir en 5% la pobreza extrema.

¿Por qué será que no se aprueba? Simple. El costo de construcción por kilómetro en promedio ha aumentado a US$2 millones por carril, con lo cual estamos pagando 54% más de lo que se paga en otros países con modelos de contratación como los que propone la Ley General de Infraestructura Vial. ¿Y quiénes se han venido oponiendo? Pues los jodieles diputimetres de la construcción, que paulatinamente están perdiendo poder ante la contundencia de la razón y la presión pública.

Y por supuesto que la infraestructura da de comer. Por eso es tan urgente, ante el brutal deterioro actual, la aprobación de la autopista Escuintla-Puerto Quetzal, pues el 61% de las exportaciones del país pasan por ahí.

¿Que hacemos? ¿Ruta corta o seguir en el camino largo?