Cable a tierra

De Centauros y Palomas

Karin Slowing karin.slowing@gmail.com

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Hay personas que, sin haber nacido en Guatemala, están más comprometidas con el bienestar de nuestro pueblo que montones de sujetos con partida de nacimiento y DPI local. Tengo el privilegio de conocer a varios que son chapines por convicción y pasión; en lo particular, conozco, sobre todo, a académicos y académicas que han dedicado su vida personal y profesional a Guatemala y han hecho contribuciones extraordinarias a la comprensión de nuestra realidad social, económica y político-cultural. Entre ellas, la querida Sussane Jonas, quien nos acaba de dejar. Una académica norteamericana de impresionante trayectoria y compromiso sostenido con Guatemala y una linda persona a la que tuve la oportunidad y el privilegio de conocer gracias a los años que pasé haciendo equipo con Edelberto Torres-Rivas y Juan Alberto Fuentes Knight en el Programa de los Informes Nacionales de Desarrollo Humano (INDH) del PNUD.

Ese enorme privilegio que me dio la vida, de trabajar y aprender con ellos y junto a ellos, se multiplicó no sé ni cuántas veces con las oportunidades que tuve de conocer y relacionarme con una amplia y diversa gama de intelectuales y académicos nacionales e internacionales de la talla de Susanne. Algunos, además, sin la egoteca hipertrofiada; capaces de interactuar con esta aprendiz sin perder el entusiasmo. Susanne era así, por lo que le guardo un agradecimiento y cariño especial.

Recuerdo que una de mis primeras lecturas, en mis primeros tiempos en el equipo del INDH, fue De Centauros y Palomas: el proceso de paz guatemalteco. En ese entonces no sabía quién era Susanne Jonas, pero leer su libro me ofreció una visión sistematizada e interpretada del proceso de paz de la que carecía. Mi gran sorpresa y privilegio fue más bien llegar a conocerla, cuando llegaba a la oficina del INDH a buscar a Edelberto, o en esos espacios más informales que, cuando se daban entre intelectuales de esa talla, eran para una puros talleres de aprendizaje.

Dejé de tener contacto con Sussane un buen tiempo. Cuando nos reencontramos ella estaba plenamente inmersa en el estudio de los procesos migratorios transnacionales en los cuales, lamentablemente, millones de guatemaltecos son protagonistas; simplemente porque se les niegan las oportunidades de desarrollo en nuestro país. En ese contexto se me amplificó la comprensión de las múltiples redes entrelazadas de amistades y relaciones profesionales que compartíamos; mediadas, esta vez, por especialistas y académicos que trabajan en el tema migratorio. El mismo rigor, entrega y compromiso evidenciado con el país y su gente en sus estudios sobre los procesos políticos que implicaron ese duro tránsito entre la guerra interna y la paz se plasmaban también en los estudios de Susanne sobre la dinámica migratoria centroamericana y sus múltiples impactos en esta región, en su amada Guatemala y, cómo no, en su país de origen también.

Hoy me conduelo por su partida, pero celebro y agradezco públicamente su legado; como persona, como académica, como perita experta en el país y en sus procesos sociopolíticos y migratorios, y también en su papel como activista social, luchando a contracorriente porque en Estados Unidos también se formulen políticas migratorias más dignas y apropiadas para los y las centroamericanas.

Buen viaje al descanso eterno, querida Susanne. Me imaginaré las fascinantes tertulias celestiales que tendrás en compañía de Edelberto, Ana María, Ricardo, don Alfredito, Fernando y otros queridos intelectuales guatemaltecos que nos han dejado en los últimos años. Sepan todos que nos hacen mucha falta en estos tiempos oscuros que nuevamente se viven en nuestra sufrida y cautiva Centroamérica.