Cable a tierra

De delito en delito

Karin Slowing karin.slowing@gmail.com

La ministra de salud denuncia públicamente y ante el Ministerio Público que una empresa le vendió un lote significativo de pruebas para detectar covid-19 al Ministerio, pero que las mismas no servían. El presidente, en lugar de salir a respaldar a la ministra, por haber denunciado un hecho de corrupción, se le tira encima y descalifica públicamente la denuncia: degrada el hecho a “incidente administrativo” —sí, así como hicieron en el CIV cuando el director de Caminos denunció que “desaparecieron” Q135 millones de esa cartera—.

Por si no bastara la falta de apoyo a su ministra, el sujeto, seguramente en un afán por desviar la atención del hecho delictivo, se tira a inculparla de que no haya vacuna en el país “a causa de que ella y el excomisionado de Coprecovid decidieron que Guatemala se adhiriera al mecanismo Covax que implementó la Organización Mundial de la Salud (OMS)”. Perdón, pero disculpen: ¿Qué tiene que ver Covax con el hecho delictivo que denunció la ministra? ¡Nada, absolutamente nada! Parece más bien que fue la forma de rematar la cólera de que le denunciaran al “cuatío”, un exgerente del MSPAS, ahora “viceministro de Cultura” quien parece haber sido el operador principal de esa negociación con la empresa.

En un gobierno que no estuviera comprometido con la corrupción ese sujeto debió haber sido destituido en el acto y puesto a disposición del Ministerio Público para ser indagado. ¿Qué hicieron en cambio? Darle un permiso temporal, manteniéndolo en su cargo, en otra muestra más de desfachatez y desprecio a la ciudadanía y a la probidad con la que se deberían manejar los recursos del Estado. Y el señor de la Comisión de la Corrupción del Gobierno, pues, bien gracias, jugándoles el juego.

Mientras tanto, la empresa que, en principio, estafó al Estado de Guatemala y atentó contra la salud de los guatemaltecos, tuvo tiempo suficiente como para replantear la narrativa de lo ocurrido con esa venta. Ahora resulta que todo es producto de un “fallo en el manejo de la cadena de frío”. ¿Se irá a tragar el cuento el MP? Ahora que su rol es ser ente “apachador” de delitos contra el patrimonio público y contra la Constitución, posiblemente. El latrocinio alcanza el millón de dólares. Lo que sorprende un poco es que la ministra siga en su puesto, a pesar de su abierto desafío al orden imperante que protege el presidente.

Tal vez, para él, sea “solo un incidente”; simplemente, una mancha más para este tigre al que ya no le queda piel que manchar. ¡Rectifico! No es la última mancha, pues ya, en cuestión de días, este hecho delictivo fue sustituido por otro que se promovía por parte del Ministerio de Cultura —de la corrupción— comprándole a un sujeto “una obrita de arte” por otro milloncito —de quetzales— por ahí, por mera decisión dedocrática.

Mientras tanto, niñas y niños en escuelas desvencijadas, expuestos al covid-19; artistas y académicos de trayectoria tienen que acudir a la caridad pública para sobrevivir o pagar cuentas de salud. Mientras tanto, la policía municipal de Antigua asesina impunemente a un joven inocente. Mientras tanto, el ministro de Gobernación impune en su puesto, sin importar que dejó dos jóvenes parcialmente ciegos, otro, preso por un hecho que no cometió, sino que fue fraguado para intimidar y desarticular la protesta social, y mientras los asesinatos de mujeres y niñas siguen rampantes.

Es este, el estado actual de las cosas: la total descomposición del orden que conocimos durante los últimos 25 años. Mientras tanto, la ciudadanía, en silencio, viendo cómo se impone el nuevo orden corrupto de las cosas; pagando impuestos para que éstos engorden sus caletas.