De mis notas

De estados de Sitio y narcotráfico

Alfred Kaltschmittalfredkalt@gmail.com

No sorprende lo que ha sucedido con los últimos trágicos incidentes en Izabal. La penetración del narcotráfico es un fenómeno regional del cual Guatemala no puede sustraerse, dada la posición geográfica que la ubica justo en la ruta hacia los mercados de consumo, especialmente los Estados Unidos.

Y si sumamos las debilidades sistémicas y estructurales del gobierno que afectan la gobernabilidad y el hecho de que el narcotráfico, con su enorme capacidad de recursos, ha cooptado a ciertos políticos, jueces y hasta miembros de la PNC y del propio Ejército, se evidencia la tormenta perfecta. Es la que estamos viviendo desde hace años.

Pero al margen de esta penetración, se conjugan también otros elementos de tipo ideológico. Grupos de corte contestatario que manipulan la temática ambiental con la oposición a la minería y los proyectos hidroeléctricos, el robo de energía eléctrica, invasiones de fincas y las movilizaciones focalizadas. No pocas tomas de carreteras se utilizan para desviar la atención, impedir la movilización de las fuerzas de seguridad, facilitar el trasiego de drogas, armamentos y hasta tráfico humano en las rutas y fechas definidas. El resultado de todo lo anterior es una simbiosis letal entre el narcotráfico y la industria del conflicto, y debido a que es un fenómeno multicausal en donde aparecen muchos grises en el tablero de la gobernabilidad.

La falta de autoridad es uno de ellos. Al no ejercer el poder coercitivo de la ley y la certeza de castigo se genera un irrespeto a las autoridades, y este a su vez crea un vacío de poder que pronto es ocupado por diversos grupos delincuenciales y caciques territoriales, porque envía el mensaje de impunidad.

Los Estados Unidos tienen limitaciones para abordar solos un fenómeno de esta naturaleza, que se nutre de la pobreza y la exclusión y la falta de oportunidades. El círculo vicioso es una realidad, donde por falta de gobernabilidad se ahuyenta la inversión, y por falta de inversión se pierden empleos, etc., y todo el círculo periférico alrededor de la pobreza y sus causas.

La solución a este fenómeno multicausal no puede abordarse desde ópticas y narrativas simplistas, como lo están haciendo los mismos de siempre —y que son los primeros en oponerse cuando hay que aplicar la fuerza de la ley. Es todo un movimiento visible hasta en el Congreso, con los diputados que se opusieron al estado de Sitio. Son afines a los que protestaron contra la libertad del coronel Chiroy, un caso paradigmático que inició una parálisis en el sistema de seguridad del país, evitando capturas, desocupaciones de industrias, minas y fincas, por temor a ser enjuiciados, creando la paradoja de que “por hacer cumplir la ley, la ley los persigue…” Los escudos humanos poniendo a mujeres y niños al frente ha sido una táctica lamentable y desalmada de los grupos contestatarios. No cabe duda de que se hubieran podido evitar matanzas horribles. Las matanzas de Xamán y Panzós, durante el conflicto armado, forman parte del contexto histórico para entenderlo hoy.

Gracias a Dios los soldados no dispararon a estas personas, que lejos de ser civiles, eran los custodios de plantaciones de drogas y rutas, estaban armados y en abierto desafío a la ley. Murieron tres soldados y varios salieron gravemente heridos.

¿Qué procede ahora? Investigar y capturar a los responsables. Enviar el mensaje de que el crimen no paga. Establecer campamentos bien equipados en los lugares de mayor riesgo. Aprovechar la inteligencia ya disponible y mantenerla al día. Seguir coordinándose con la DEA.

Mantener el estado de Sitio hasta que ya no sea necesario.