Nota bene

De partidos y reglas

Leí un artículo que explicaba las reglas del beisbol chino. Como el beisbol tradicional, involucra a dos equipos, un bate, una pelota y cuatro bases colocadas en forma de diamante. Sin embargo, en el beisbol chino los miembros del equipo en el campo pueden recoger las bases una vez la pelota está en el aire, y huir del confundido bateador. ¿Le gustaría jugar? Seguramente no; dichas reglas generan incertidumbre. Tanto los mejores como los peores atletas enfrentarán problemas al jugar beisbol chino.
Solemos obviar la relevancia de contar con buenas reglas. ¿Qué distingue a esta contienda electoral de las anteriores? ¿Por qué participan tantos partidos políticos nuevos? ¿Por qué tantas personas quieren ser presidente? ¿Por qué nuestros partidos son máquinas electoreras? ¿Por qué los partidos parecen carecer de ideologías claras? La respuesta breve es que los actores políticos responden predeciblemente a los incentivos que imperan sobre ellos debido a las reglas del juego.

Guatemala no es el único país con demasiados partidos políticos. En Algeria, 186 personas llenaron la papelería para postularse como candidatos presidenciales, aunque no todos llegarán a competir. En Ucrania, un récord de 44 candidatos querían ser presidentes en las elecciones del 31 de marzo. En Benín y la República Central de África, en 2016, participaron más de 30 contrincantes. Hoy vemos en vivo y a todo color algunas desventajas de un multipartidismo extremo. Es ineficiente financiar caras campañas a favor de candidatos que perderán. Ante la compleja papeleta, el votante tenderá a emitir un voto estratégico o de castigo. A los partidos pequeños les cuesta darse a conocer, y además muchos fallecerán tan súbitamente como nacieron. No sacan beneficios de forjar alianzas antes de la primera ronda electoral. Un conjunto de reglas distintas, unas que aumenten los costos y reduzcan los beneficios de fundar nuevas agrupaciones, podría hacer más atractivo formar partidos relativamente grandes y resistir la tentación de lanzar candidaturas condenadas al fracaso.

Las reglas también afectan la forma en que se institucionalizan los partidos políticos a lo largo del tiempo. El partido inglés de los Whigs (ahora Liberal) ha existido desde 1678, y ha mantenido a grandes rasgos su plataforma ideológica. El partido más antiguo en estas elecciones en Guatemala, el Partido de Avanzada Nacional, tiene 30 años. Un partido longevo brinda estabilidad y cohesión al sistema. Sus miembros tenderán a tener una visión de más largo plazo y se sentirán responsables de cara a su pasado y futuro. Los afiliados se preocuparán por proteger su marca, al hacer gobierno o desde la oposición.
Es más difícil erradicar la falta de definición ideológica porque es inherente al proceso electoral. La vaguedad y la tendencia al centrismo son previsibles y hasta inevitables, según el teorema del votante en la mediana, pues la mayoría de la población votante carece de ideología. Si los partidos fueran más duraderos tendrían una trayectoria demostrada que señala al electorado aquellas políticas públicas que puede esperar de la organización, aun cuando sus propuestas sean nebulosas.

Al mismo tiempo que buscamos un multiparditismo menos cuantioso y partidos más estables, podríamos permitir la participación electoral a candidatos sin partido, a comités cívicos y a partidos locales, con el fin de romper el monopolio partidista sobre el mercado político. Por otra parte, la promesa de financiamiento estatal ha distorsionado los incentivos de una forma no prevista; los donantes privados ejercen presión sobre los partidos, a fin de mejorar el destino de los fondos y racionalizar el número de candidatos que lanzan al fuero.