Aleph

Debajo de un infierno, otro

Carolina Escobar Sarti cescobarsarti@gmail.com

No les bastó violar sus derechos en repetidas ocasiones desde su nacimiento. No les bastó seguirlo haciendo mientras estaban en un hogar de protección del Estado. No les bastó hacerlas arder dentro de ese hogar de “protección”. No les bastó tratar a las sobrevivientes como criminales y a las muertas como cuerpos desechables. No les bastó. Ahora, además, de algún lado que no es el que nosotros estamos viendo a simple vista, salió la brillante idea de un grupo totalmente perverso, de culparlas a ellas por la masacre producida el 8 de marzo de 2017 en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción (HSVA). Guatemala no es país, sino institución para enfermos mentales.

Ellas no pidieron nacer en las condiciones en que nacieron, ni en un lugar como Guatemala. Ellas nunca pensaron que por ser víctimas de abandono, violencias, maltrato, abuso sexual o violación irían a parar a un hogar del Estado de esos que son dirigidos casi siempre por personas amigas de los cabezones del régimen de turno, que no saben en qué otra parte poner a su burocracia de servidumbre. Ellas, a sus escasos 13, 14 o 16 años, nunca imaginaron que terminarían apiladas en una montaña de cuerpos quemados. Todas las puertas que conocieron se les cerraron desde muy temprano, incluyendo la del aula donde estaban esa noche entre el 7 y el 8 de marzo.

Uno tras otro, los infiernos se han sucedido para todas ellas. Y el último, aquel donde Dante coloca a los traidores, es el que se destapó. Quien haya leído a Dante sabe que en la primera parte de La Divina Comedia, donde describe El Infierno, habla de los nueve círculos, más aquel donde se encuentran los ignavi o indiferentes. Cuando Dante entra al infierno, que en su versión tiene la forma de un cono de helado, va descendiendo uno por uno los nueve. Siempre debajo de un infierno hay otro que se va poniendo peor que el anterior. Hasta los tres últimos círculos, que imagino con las llamas más densas y la lava más ardiente: la violencia, el fraude y la traición.

A estas adolescentes las traicionaron una vez más. Innumerables denuncias pesaron sobre el HSVA antes del incendio donde fueron asesinadas; ninguna fue atendida. Se habló entonces de posibles casos de trata relacionados con personal del hogar que tocaban altas esferas, de violaciones sexuales dentro y fuera del HSVA; malos tratos y otras situaciones de vulneración que se interpretaron como formas de tortura. No está demás recordar que su penúltimo infierno, antes de que se abriera esta otra supuesta denuncia en su contra, lo vivieron en el horno en el que fueron incineradas. Porque eso fue, un horno de 7 por 6.8 m.

Dos años y medio después, ni la iniciativa 5285, Ley del Sistema Nacional de Protección Integral a la Niñez y Adolescencia (SPINA), ha sido aprobada por el Congreso. Sin embargo, ya salió este oscuro grupo de traidores a quererse llevar consigo a las niñas a un infierno aún más profundo del que apenas comienzan a salir. Ni siquiera tenemos una política pública que oriente estratégicamente el trabajo en niñez y adolescencia, pero ya hay quienes quieren criminalizar a las víctimas del HSVA por un crimen de Estado. Ni siquiera contamos con un presupuesto nacional que ponga en el centro a niñas, niños y adolescentes, y la corrupción sigue mandando, al punto de querer comprar o callar a las adolescentes. Y si algo faltaba para completar ese cuadro del absurdo, que el supuesto abogado “denunciante” diga que le robaron la identidad y que no fue él quien hizo tal denuncia.

Quienes cuidamos niñas, niños y adolescentes sabemos que cualquier hecho difícil puede surgir. El tema no es ese. El tema es que somos las personas adultas las que tenemos la responsabilidad de proteger, cuidar y tomar las decisiones que lo cambian todo. Y lo debemos hacer escuchando a las niñas, niños y adolescentes con quienes trabajamos. Por eso, no permitiremos que a estas adolescentes las sigan victimizando en el país que las abandonó, mató y quemó. La justicia las sacará del infierno y cada vez que alguien sale por esa puerta todos dejamos un poco más atrás las tinieblas.