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Decisiones mortales

Brenda Sanchinelli imagen_es_percepcion@yahoo.com

Claudia se levantó ese día temprano, preparó el desayuno para su hijo Carlitos, al llamarlo para que bajara a desayunar y no obtener respuesta, entró a su habitación y se percató que el pequeño de 11 años se había quitado la vida. La madre nunca puso mucha atención al comportamiento retraído de su hijo, absorta en su trabajo y quehaceres diarios, no se dio el tiempo de indagar qué le pasaba al niño. Averiguando después de lo ocurrido, se enteró que Carlitos era acosado en la escuela por sus compañeros y no pudo soportarlo más.

Casos como este ocurren a diario. Tan solo en febrero, los Bomberos voluntarios reportaron que atendieron 35 casos de suicidio, las cifras se han duplicado en relación con el año anterior. Las estadísticas también reflejan que va en aumento los menores de edad que deciden quitarse la vida. Los psicólogos afirman que: de cada 10 personas que han expresado el deseo de suicidarse, nueve lo concretan.

Aunque los motivos pueden ser multifactoriales, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), algunas de las causas más frecuentes que llevan a las personas a tomar esta decisión fatal son la ansiedad y la depresión, enfermedades que deben ser tratadas de inmediato, para evitar llegar a acciones extremas como el suicidio, que se ha convertido en la segunda causa de muerte entre personas de 15 a 29 años. La OMS ha señalado que, para el 2020, la depresión será una de las causas primarias de muertes en el mundo.

En el caso de personas adultas existe más la capacidad de poder reflexionar y sopesar sus actos. La desesperación puede llevar a un ser humano a tomar una decisión absoluta, olvidando que la vida en sí es un regalo y es un error el suicidio, mientras pueda hacerse todavía una buena acción por otra persona. Incluso pensar en que al quitarse la vida se le hará un daño irreparable a la familia. Por muy duras que sean las circunstancias siempre habrá una esperanza, una solución.

El ritmo de vida actual genera grandes exigencias y al no poder manejarlas el ser humano puede llegar a desesperarse y optar por una acción destructiva. Lo lamentable es que las personas más vulnerables a esta situación sean los jóvenes y niños, ya que atraviesan un período de extrema sensibilidad y sin importar cuán pequeños o grandes sean sus problemas pueden maximizarlos y sentirse con un vacío abrumador.

Se han realizado estudios que revelan que cualquier persona que va a suicidarse muestra signos previos, como depresión, pérdida de peso y retraimiento social. En ocasiones anuncian sus planes. Es decir, la persona grita silenciosamente para que alguien la escuche y la ayude. Es entonces cuando los familiares y personas allegadas deben estar atentos y lograr una prevención del problema. Entre las causas más comunes de suicidio se encuentran problemas sentimentales, económicos, relaciones sociales —subrayando el acoso escolar—, abusos sexuales, depresión y enfermedades crónicas.

Para prevenir esta situación es importante no tomar a la ligera los sentimientos de la persona afectada, escucharla y ayudarla. Nadie tiene una vida “perfecta”. Debemos entender que cada persona es un universo, y dimensiona de forma distinta sus dificultades.

La diferencia entre la decisión voluntaria de vivir o morir, radica en la forma de afrontar la vida y la valentía de superarla. Es ahí cuando nos percatamos que debemos encontrar la verdadera razón de nuestra existencia, quitar los ojos de lo efímero y ponerlos en lo eterno. Por ello, no se deben tomar decisiones permanentes, basadas en sentimientos temporales.