De mis notas

Desesperación del otro lado del río

Alfred Kaltschmittalfredkalt@gmail.com

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Luces y tarimas se encienden alumbrando los personajes del día al ritmo de las agendas impuestas y los chismógrafos enredados y patrañeros, tratando de enfatizar sus libretos.

Dentro de esta abundante maraña de boberías se esconde una desesperación; un temor de que sus avatares se derrumben y no logren reconquistar el territorio perdido. Es una natural reacción a un horizonte que, francamente, no luce bien para los campamentos de ese lado del río. Patalean para que la política del norte sea más visceral y enfocada en garrote que en declaraciones dispersas de sus funcionarios. Anhelan más nombres importantes incluidos en las listas negras para evitar su nombramiento a puestos claves y estratégicos, que han dominado por mucho tiempo, y ahora se desgranan como mazorca de maíz en el día del atol con el dedo.

Sin duda afecta la degradación de antiguos operadores dentro del sistema de justicia de la extinta y omnipotente comisión para combatir la corrupción. Una oportunidad histórica perdida para enfrentar las verdaderas causas sistémicas que la generan. Pero decidieron politizar haciendo gala de una persecución selectiva, que, en 12 años, no logró sino una mayor polarización y la creación de una plataforma política cuyas acciones están en pleno activismo y cabildeo. Y si bien es cierto que hubo casos de alto impacto y personajes capturados en 12 años, estos se cuentan con la mano y aún años después de iniciados los juicios no concluyen. Siguen utilizando el pacto de corruptos para meter y sacar a conveniencia a diversos actores, como ocurrió con la antigua fiscal.

Ha sido un serio revés que una de sus figuras más importantes haya sido pillada en una acción tan cuestionable e ilegal. Lo dicen sus propios asesores y es la comidilla entre sus colegas. El problema es que el proceso no presagia nada bueno para ella, con lo cual se abre una caja de Pandora para otros que han utilizado la misma táctica de iniciar juicios espurios contra sus adversarios, muchos de los cuales, hasta el día de hoy, siguen en prisión preventiva. Se niega con vehemencia esta realidad, pero los casos están a la vista.

La tormenta no termina: La caída de aprobación de su presidente demócrata con su evidente deterioro cognitivo; la pérdida del control del senado en las elecciones de noviembre; el escándalo que se ha desatado con la presentación del fiscal especial John Durham, sindicando que los abogados de la campaña de Clinton pagaron a una empresa de tecnología para “infiltrarse” en los servidores pertenecientes a la Torre Trump; y luego a la Casa Blanca, para crear inferencias narrativas de Trump con Rusia. Aquí, por supuesto, nunca se malutilizaron las escuchas de este lado del río en tiempos pretéritos del Ministerio Público/Cicig…

Sirva una reflexión final en medio de este macondo surrealista de país, que el clientelismo político, la cooptación del Estado, la corrupción, el narcotráfico, la pobreza, los problemas económicos estructurales tienen un origen multicausal sistémico de largo plazo, que no se puede solucionar con narrativas mediáticas ni panfletos chirmoleros. Ni tampoco con cabezas de playa de organizaciones creadas por la ONU, cada día más cuestionada y alejada de su visión fundante e inmersa en la expansión de su propia agenda política.

El sistema está cooptado porque el sistema no se cambia. Cuando se quiere se puede. La Ley de Compras y Contrataciones, Ley de Servicio Civil y la Lepp pueden contribuir a eliminar el clientelismo y la corrupción. Se puede. ¿Hemos olvidado las grandes contribuciones que se han hecho con la Ley de Telecomunicaciones y la Comisión de Energía Eléctrica?