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Diputados honorables

Brenda Sanchinelli imagen_es_percepcion@yahoo.com

El Legislativo es clave para el buen ejercicio del Gobierno, concentra demasiado poder, al punto que son los diputados quienes eligen al procurador de los Derechos Humanos, contralor general de la nación, magistrados del TSE, magistrados de la Corte Suprema de Justicia, pueden antejuiciar a los presidentes de los otros organismos, ministros de Estado, etc. De ahí la importancia de que los diputados sean personas honorables, por ser el cuerpo colegiado con más poder en el Estado.

Parte del fracaso de la gobernabilidad actual se debe a que, hasta ahora, en este organismo solo hemos tenido personas mediocres y corruptas.

Es inadmisible que en este país para ser diputado baste ser guatemalteco de origen y estar en el ejercicio de los derechos. ¿Eso es democracia? Más bien suena a ignorancia, sin indagar sobre la idoneidad, capacidad y menos sobre la honorabilidad. ¿Cómo pretendemos que este país cambie, si los diputados que llegan al Congreso son personas sin escrúpulos y dispuestos a vender a su patria?
Sumado al pobre perfil y opciones casi nulas para elegir, el propio sistema obliga a los ciudadanos a que cuando emitan su voto, lo hagan por un bloque de personas y no por un individuo bien identificado, sin importar su capacidad, el mérito y cualidades radicarán únicamente en haber aportado una onerosa cantidad de dinero, ser un familiar o amigo del dueño del partido que lo postula.

Ser diputado se ha convertido en un desprestigio, por la actitud denigrante de la mayoría de los legisladores, nadie les pide que cumplan con horarios, ni supervisa los resultados, mucho menos se les exige que guarden un nivel de ética y moral en la toma de decisiones para beneficiar al pueblo.

En el palacio Legislativo se mueven las fuerzas más oscuras de corrupción que existen en Guatemala, las alianzas políticas que se manejan en ese sitio son terriblemente dañinas para el país y los personajes protagonistas son producto del reciclaje de todos los partidos políticos y gobiernos corruptos de todos los tiempos.

La elección del Legislativo debería significar más que un reemplazo de funcionarios con otra cara —pero con las mismas mañas—, un cambio de actitud, con personas dispuestas a trabajar en un marco de legalidad y valores.

El remedio no es cambiar rostros, porque en ese ambiente corrompido cualquiera que llegue o se alinea o lo alinean, y al final termina contaminado. La solución es transformar el sistema, para que, aunque se colara algún corrupto, el mismo sistema lo depure.

Aunque elegir un buen presidente es importante, el enfoque de estas elecciones debe dirigirse al Legislativo, que es fundamental para el desempeño integral de nuestro sistema de gobierno.

La importancia del Congreso en el quehacer político nacional es conectarse con la realidad, en relación con el espíritu que guía el accionar de la cosa pública. Ser congruente con los ideales de libertad y balance de poder que deberían existir. El Legislativo debe convertirse en el recinto de la santidad jurídica y el espacio reservado para proteger los valores abstractos de la nación, donde se desarrollan las herramientas que guiarán al pueblo hacia el camino del desarrollo.

Pero hoy, la realidad es otra, el Congreso guarda las ambiciones políticas más atroces e inmorales, siendo el lugar donde se maquinan las decisiones que han llevado al país a la ruina. ¿Quiere usted más de lo mismo o haremos la diferencia en estas elecciones?