Aleph

Discursos y prácticas racistas

Carolina Escobar Sarti cescobarsarti@gmail.com

En la foto aparecen una mujer y un hombre con vestimenta indígena, mostrando un documento en las manos. Me entero por la noticia que leo de que son Blanca Estela Colop y Pablo Ceto, binomio presidencial presentado por la URNG para las próximas elecciones. La imagen fue captada luego de recibir sus credenciales en el Registro de Ciudadanos del Tribunal Supremo Electoral (TSE).

Poco tiempo después, la cuenta Guate.Nacionalista (@guanacionalista) lanza un mensaje en Twitter, mostrando la misma imagen, pero con el texto siguiente: “Mira @thelmaaldana hasta la señora del aseo ya le dieron credenciales [aquí pone cuatro emoticones carcajéandose]. Y ustedes nanaiiiiii@msemillagt”. Más allá de la situación que enfrenta la candidata presidencial del partido aludido en el tuit o si estamos de acuerdo o no con el partido al que representa el binomio en cuestión, está la evidente procedencia e intención del texto, y el uso deliberado de un mensaje cargado de racismo y discriminación en tan pocas líneas.

Cosa igual sucede cuando la misma cuenta (que ya debió haber sido bloqueada) coloca una imagen reciente de Rigoberta Menchú arrodillada en la Cumbre de Alaska, donde fue la primera masacre de posguerra, en el 2012. El texto es el siguiente: “Rigoberta Menchú… hizo el “ASEO” en la escena del crimen en Cumbre Alaska… Porque experta en criminalística, o criminóloga taaaampoco…”. En el primer caso, “la señora del aseo” es licenciada en Pedagogía y Ciencias de la Educación y tiene, además, una maestría en Educación Bilingüe Intercultural y tres semestres en la carrera de Derecho. En el segundo, es una Premio Nobel de la Paz.

Pero aunque no fuera así y fueran dos ciudadanas mayas comunes, vuelve a suceder que, desde un espacio “nacionalista” que está, además, muy preocupado por cuestiones higiénicas, se minoriza a “lo otro” y se nombra esa diferencia desde el menosprecio. Además, la expresión es en contra de dos mujeres mayas. En las imágenes, los cuerpos de esas mujeres metaforizan lo social y lo social metaforiza sus cuerpos. Esa imágenes son habladas por otros y hablan por sí mismas, desde la construcción simbólica que incorpora sentidos y significados, así como desde los discursos que se expresan de muchas maneras en nuestro contexto, y a su vez lo retratan y definen. Basta leer los comentarios al pie de cada tuit, para retratar bien a una parte de esta sociedad.

Hechos como este dejan claro que ningún genocidio se da por generación espontánea, sino que se produce luego de una serie de discursos y prácticas de discriminación y odio que se han “naturalizado” en cualquier sociedad por largo tiempo. El discurso es el lugar donde usamos las palabras sin escucharlas, es el territorio de una normalidad que las pone a funcionar de manera ordenada y regulada para que nos entendamos, es el lugar donde la expresión y la comprensión se producen automáticamente a través de las convenciones sociales mantenidas por los dispositivos de poder.

No se cuentan de igual manera 1919 y 2019 para los pueblos indígenas, y es evidente que las teorías negacionistas (no hay mayas) o asimilacionistas (si quieren progresar deben asimilarse a la cultura hegemónica), han dado paso a espacios más amplios de inclusión para las mujeres y hombres mayas. En los últimos diez años vemos cada vez más espacios públicos ocupados por indígenas. Pero aún es totalmente insuficiente.

El hecho es que, cuando despiertan los fascismos en ambientes favorables a la discriminación y la exclusión, como en la Guatemala actual, vemos expresiones fuertes de racismo, odio y violencia, especialmente contra las mujeres indígenas. Lo bueno es que ya no se agacha la cabeza igual ante las opresiones sociales, culturales y políticas.