De mis notas

¿Dónde está el plan?

Alfred Kaltschmittalfredkalt@gmail.com

Hemos estado bajo una serie de disposiciones presidenciales integradas dentro del contenido esotérico de “estado de calamidad” desde hacer tres meses. Al principio nos encerramos en casa, merced a la información apocalíptica que le daba la vuelta al mundo: “el virus se queda en las calles. Ojo con las llantas. El virus se integra a las superficies durante días… Y así, al igual que surgían los cuentos de contagio letales al estilo de la leyenda chupacabras, también se diseminaban por doquier las recetas de pociones mágicas y los ungüentos milagrosos de protección universal. Dentro de toda esta cacofonía también caló el uso de las mascarillas, lavarse las manos y el distanciamiento social, con sus múltiples excepciones.

Hemos tenido que cerrar industrias, comercios, hoteles, restaurantes, centros comerciales, plazas comerciales, que no es poco. Para luego abrir algunas de las anteriores, paulatinamente, conforme a criterios de “esencialidad”. Las plazas comerciales no son como un centro comercial. Por lo tanto, la primera sí. El segundo no. El transporte urbano se mantiene cerrado. Los taxis abarrotados pueden circular…

A las pocas semanas, a pesar de las normas vigentes, el comercio informal salió a la calle a ganarse la vida: La Terminal, los mercados, vendedores ambulantes, talleres, tiendas, pequeños comercios. El centro de la ciudad completo no cerró nunca…

En el interior de la República, han surgido municipios “independentistas”, con sus propias leyes, normas, prohibiciones y criterios de aplicación, aunque difieran con las disposiciones publicadas en el diario oficial. El largo preámbulo es para hacer palpable y visible la necesidad de contar con un “Plan de Manejo Covid 19”, en el que se puntualicen —aun con las variables razonables que la pandemia requiere— respuestas a preguntas importantes que todos los ciudadanos requerimos para poder planificar nuestras actividades profesionales y comerciales, tomando en cuenta un horizonte razonable de predictibilidad. Un país no puede estar sujeto a las variables diarias que puedan surgir del presidente. Aun cuando útiles para mantener informada a la ciudadanía, el país necesita respuestas para mantener la economía. Hace unos días, en un dialogo de análisis, surgieron estas preguntas: 1. Tengo que hacer un pedido de suministros hoy para dentro de dos meses. ¿Los pido? 2. Tengo varios escenarios para planificar mi flujo de caja. ¿A cuál le apunto? 3. ¿Cuándo se abre el transporte aéreo nacional e internacional? 4. ¿Cuándo podrá circular el transporte interdepartamental? 5. ¿Cuándo se abrirá el turismo nacional? 6. ¿Cuándo abrirán los restaurantes, cines y centros comerciales?

Por supuesto, todo lo arriba indicado tuvo diversas reacciones de los asistentes, porque las respuestas son determinadas por las métricas de contagio del covid-19 en términos positivos o negativos. Pero, entonces, surgieron las siguientes preguntas, de donde debe definirse el plan.

1. Si el desarrollo del virus está ligado a la asignación, control y gasto eficiente de los recursos, ¿por qué no se centralizan a través de un ente multidisciplinario, no gubernamental, que ejecute? 2. Si ya está comprobado que el sector de salud, por sus problemas sistémicos, no es capaz de ejecutar, ¿qué acciones se requieren para obviar esa deficiencia? 3. Si por las características de nuestra población, el grado de contagio irá subiendo hasta rebasar la capacidad hospitalaria, ¿cuál es el plan para la apertura de nuevos módulos de atención con todo el equipamiento y recursos necesarios?

La conclusión fue que, en el último análisis, después de una masiva comunicación a toda la población, cada individuo es responsable de proteger su propia vida, tomando las decisiones que más le convengan. Sr. presidente, señoras y señores: Necesitamos con urgencia un Plan…