De mis notas

Dr. Aldo Castañeda: un legado gigante

Alfred Kaltschmittalfredkalt@gmail.com

Publicado el

Hace unos años entrevisté en los estudios de multimedia de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Panamericana al Dr. Aldo Castañeda. El objetivo era entrevistar a guatemaltecos ilustres de larga trayectoria y trascendencia. En la planificación del programa con los estudiantes de la carrera de comunicación y producción audiovisual, el primer nombre que surge es el Dr. Aldo Castañeda. Un gran pionero de la cirugía cardíaca pediátrica, con grandes aportaciones al tratamiento quirúrgico de enfermedades cardíacas congénitas.

Al prepararme para la entrevista y leer numerosos artículos y entrevistas de su persona, pude darme cuenta de la magnitud del personaje que entrevistaría. No solo por el impresionante desarrollo de su carrera como académico y científico, sino del hecho de haber convivido con la crema y nata a nivel mundial de los pioneros de esa rama de la medicina. Leí sobre cómo su tesis de graduación de la Universidad de San Carlos sobre experimentos de “poner a perros bypass cardiopulmonares utilizando técnicas innovadoras”, y cómo esta le valió el poder ingresar a la prestigiosa Universidad de Minnesota, en donde se había establecido “el primer programa académico de entrenamiento en el nuevo campo de estudio que era la cirugía a corazón abierto”.

Mientras leo, intuyo que ni él mismo hubiese imaginado que “sus investigaciones en la Universidad de Minnesota serían las primeras cirugías de corazón abierto utilizando circulación cruzada controlada; y que el comienzo del uso clínico de oxigenadores artificiales se deberían a su diseño”. Su carrera fue meteórica: profesor de Cirugía en la Universidad de Minnesota; luego jefe del programa de cirugía cardiovascular del Children´s Hospital de Boston, puesto disputado “entre muchos distinguidos candidatos internacionales para sustituir a Robert Gross, considerado una eminencia entre los cirujanos americanos por ser el fundador de la cirugía cardíaca pediátrica”. Corona su carrera llegando a ser profesor de cirugía en Harvard Medical School y cirujano cardíaco jefe en el Children´s Hospital hasta 1994, retirándose después de “38 años de servicio eminente en cirugía cardíaca pediátrica”.

Llega el día de la entrevista. El doctor arriba con diez minutos de anticipación. Su presencia transpira algo especial. Una combinación, entre humildad y la seguridad de un profesional de larga experiencia. Esta es una de tantas entrevistas que le han hecho a lo largo de su vida. Pelo blanco y cejas pobladas. Me llaman la atención esas cejas tan blancas que iluminan unos ojos de mirada profunda. Su vestimenta impecable. Sabiendo que habla alemán, le doy la bienvenida con un guten morgen, Herr Doctor.

Con una voz serena y suave, casi susurrante, me contesta sonriendo. Iniciamos la entrevista. Durante más de una hora no nos detenemos. Ignoro los constantes avisos y señales de la cabina para hacer los cortes. No quiero interrumpir el flujo del diálogo. Con voz pausada, continúa evocando la apasionante narración de su vida. Cuenta de los tiempos duros de la guerra: “solo el que ha vivido una guerra sabe los sufrimientos que estas traen”. Ambos parecemos revivir esos horrores mientras narra las memorias de esos días aciagos. En segundos, cambia el tono, y comparte lo refrescante que fue regresar a Guatemala. Como estudiante, primero, y luego, al final de su carrera. “Mi jubilación nunca fue”, confiesa. “Me puse a trabajar inmediatamente para desarrollar un programa de entrenamiento de cirugía cardíaca pediátrica. No había cirujanos especializados. Desde entonces, hemos avanzado mucho. Miles de operaciones en niños. La fundación ha logrado grandes cosas. Un equipo muy dedicado. Me enorgullece que mis alumnos estén trabajando en los mejores hospitales del mundo”.

La cámara sigue rodando. Hay mucho que contar. Una huella tan grande no cabe en este espacio.