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Efecto dominó de las sanciones económicas a Rusia

Brenda Sanchinelli imagen_es_percepcion@yahoo.com

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Luego del ataque masivo de las fuerzas armadas rusas a Ucrania, que podría ser el primer gran conflicto bélico en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, le empezaron a llover las sanciones económicas a Rusia, y se seguirán intensificando, por la fortaleza económica de quienes las imponen y la presión que pretenden ejercer.

La complejidad estratégica del conflicto se debe precisamente al entrelazamiento de intereses de distinta naturaleza entre Europa, Rusia, Ucrania y EE. UU., considerando el diferente peso y dimensión que tienen cada uno de estos actores en cuanto a la seguridad económica y militar.

Las tensiones entre Ucrania y Rusia no solo inflan los precios del mercado energético, sino también los de las materias primas agrícolas, especialmente los cereales, calculando que entre los dos países garantizan alrededor de un tercio de las exportaciones mundiales de trigo. Rusia es el cuarto exportador de este grano a nivel mundial y Ucrania ocupa el séptimo lugar. Desde ya los volúmenes de exportación se están reduciendo y los precios ya van al alza. Además del trigo, Ucrania es el quinto mayor exportador global de maíz, lo que equivale al 16 por ciento del total mundial. Una guerra pondría en riesgo alrededor del 9 por ciento del suministro internacional de este grano. Tras las tensiones de estos últimos días y los temores sobre las repercusiones comerciales, su precio también ha comenzado a subir.

Lo que preocupa a EE. UU. no son los cereales, sino los materiales para la industria siderúrgica. El sector estadounidense depende de Ucrania y Rusia para el suministro de hierro fundido y láminas de acero para la producción de productos laminados planos. Juntos representan más del 60% de las importaciones de hierro fundido para EE. UU.

Por otro lado, Rusia tiene las mayores reservas de gas natural del mundo y ha estado suministrándolo a Europa Occidental durante más de 50 años. Sin olvidar que un tercio de ese gas ruso llega a Europa a través de Ucrania. También es preocupante el hecho de que un conflicto podría dañar la infraestructura y bloquear los envíos desde los puertos del mar Negro, causando un colapso en la disponibilidad en los mercados mundiales, incrementando así el riesgo de una hambruna y tensiones sociales. Ucrania y Rusia, en particular, se han metido en una guerra económica radical sin restricciones, mientras que Europa y EE. UU. han decidido imponer sanciones económicas como una herramienta de represalia contra las acciones de Moscú sobre el terreno. Pero estas sanciones no solo afectarán a Moscú, sino repercutirán en todo el mundo.

El impacto de las sanciones en la economía rusa provocará un efecto dominó global. Esta semana, el precio del petróleo alcanzó los US$99.38 por barril, por temor a que la crisis interrumpa el suministro global. Considerando que Rusia es el tercer exportador de crudo a nivel global. Entre las posibles medidas, Occidente podría prohibir que países y empresas compren petróleo a grandes gigantes energéticos rusos. Si eso sucediera, el precio del barril podría superar fácilmente los US$100 los días subsiguientes.

En América Latina ya se están sintiendo los efectos de ese conflicto. Aunque existen envíos muy limitados de crudo ruso a la región, es evidente que cualquier interrupción en la dinámica de la oferta global tiene impacto en el precio del petróleo. Sin ir muy lejos, en Guatemala, en tan solo 15 días, los precios de los combustibles han subido un promedio de Q5 por galón. No hay que olvidar que el alza en el precio del crudo traerá un incremento en los productos básicos, y esto podría provocar una crisis alimentaria sin precedentes.