Aleph

El 2019 fue voraz, pero…

Carolina Escobar

Publicado el

Fue el último año del peor gobierno de nuestra historia. Con excepciones que siempre confirman la regla, podemos decir que los tres poderes del Estado se burlaron del mismo Estado que juraron gobernar, administrar y proteger. El bufón desconoció más de una vez al máximo tribunal constitucional y le jaló la alfombra a la Cicig, mientras sus cómplices en un Congreso de cuatreros, impulsaron leyes de corte regresivo y detuvieron iniciativas, como la #5285, que podría haber establecido las bases para un Sistema Nacional de Protección Integral de Niñez y Adolescencia.

Desde una parte de la ciudadanía, nos pasamos el año defendiendo lo poco que de institucionalidad dejaron, tratando de detener leyes regresivas y poniendo recurso tras recurso para salirle al paso a la impunidad. Algo se logró contener, pero no cabe duda que lo más lamentable para un país con porcentajes tan altos de impunidad, fue observar cómo en 10 meses fueron desmantelando la Comisión Contra la Impunidad en Guatemala, una instancia independiente que hizo temblar a muchos artífices y protagonistas que se unieron alrededor de dos cosas: del miedo y de este sistema de corruptos que se resiste a morir. Otro de los resabios lamentables de este mal gobierno durante el 2019, fue haber ofrecido en bandeja de plata a Guatemala como Tercer País Seguro, cuando somos expulsores de emigrantes por excelencia.

A mí me sirve mucho el sentido de proceso, porque solo así entiendo que hay cambios en nuestra piel y nuestra memoria histórica que se han venido produciendo ante tanto aprendizaje acelerado de mala política, que no nos dejan en el mismo lugar de antes. La juventud habla más de política, las familias y los amigos se atreven a disentir en este campo, entendemos muchos de distintos sectores que no hay país sin conciencia social, que la conciencia social sin justicia es una ilusión, y que la ilusión solo se hará realidad cuando derrotemos a tanta podredumbre. Será largo el camino, porque los cambios inmediatos solo se logran a fuerza de sangre y guillotina, y de violencia estamos hartos.

Hubo cabildeos a favor de la impunidad y en su contra, recursos legales fueron y vinieron, hubo reuniones interminables en oficinas y pasillos de Guatemala y Estados Unidos, hubo marchas desde el campo que nunca dejaron de poner el dedo en la llaga, y también injustos encarcelamientos. Nos hicimos prójimos o extranjeros ante otros. Pero al final, este mal gobierno no solo incendió en el 2017 a 56 niñas y adolescentes a las que debió proteger; incendió a una niña en pañales llamada democracia.

Nunca tendremos la certeza de haber hecho lo suficiente como ciudadanos, porque entre los cansancios y la desunión, nos negamos a ver la realidad de frente: quienes tienen el poder real legal, militar, institucional y otorgado por el pueblo que los eligió, son lo que saldrán del poder el próximo 14 de enero. —Eso del poder del pueblo soberano es aún una carta a Santa Claus, que tendremos que aprender a escribir de otra manera—. Por lo que hemos visto de la composición del nuevo gobierno y por la forma en que ya se determinan las relaciones de poder alrededor de este, parece que la continuidad será lo que toca, quizás con menos bufonadas, pero con nubes del mismo color sobre Guatemala.

Entre eternos accidentes de buses y violencias sexuales interminables en niñas y adolescentes; entre la desnutrición crónica y los empleos malpagados o inexistentes; entre los medicamentos sobrepreciados y las aulas abandonadas, nos va quedando mucha gente que entiende que este barco nos pide a todos adentro o se hunde. El orden corrupto, aunque aparentemente restaurado, está roto. Nosotros tenemos más musculo social y político. El 2020 está aquí y nos toca verlo de frente, unirnos más de nosotros, y continuar haciendo el país que queremos.