Con otra mirada

El ABC de la planificación

José María Magaña Juárez jmmaganajuarez@gmail.com

La acción de planificar, según el Pequeño Larousse Ilustrado, significa: establecer un plan / Organizar conforme a un plan… Aunque pudiera parecer tema complejo o materia de expertos, es tan banal que la aplicamos de manera inconsciente y a cada momento. Veamos si no.

Nuestras actividades diarias empiezan la noche anterior al fijar la hora en que deberá sonar el despertador a la mañana siguiente. Una vez despiertos, nos levantamos, vamos al cuarto de baño; nos vestimos, desayunamos, comprobamos que todo lo que necesitaremos a lo largo de la jornada esté a punto, para finalmente salir de casa. Nadie, luego de despertarse saldrá de casa empashamado, sin antes haber cumplido el plan esbozado, síntesis de un proceso básico de planificación.

Si cada ciudadano tiene ese grado de sensatez para hacer lo que debe a fin de desempeñarse racionalmente y cumplir con sus compromisos laborales, familiares y sociales, ¿por qué permitimos que las autoridades electas para administrar nuestro país y ciudades, salga en bolas a la calle y haga lo que ninguno de nosotros haría?

Toda actividad humana, por básica que sea, requiere de una mínima organización. Y si del manejo del país o ciudad se trata, queda claro que para eso fue creado el Estado. Cada acción tendrá su grado de complejidad, cuya realización requiere que quien la tenga a su cargo conozca la materia y sea capaz de hacerla en el menor tiempo y costo posible. Caso contrario, se le sustituirá, pues esa importante figura —el Estado— no se creó para que nadie viva a sus expensas, es decir, del dinero de los contribuyentes.

En ese orden de ideas, la planificación u ordenamiento del territorio es la ciencia global e interdisciplinaria concebida para analizar, desarrollar y gestionar procesos de planificación y desarrollo de los espacios geográficos y territoriales, urbanos o rurales, tendentes a propiciar su desarrollo sostenible. Esa disciplina se estudia como una especialización de alguna Ingeniería, Arquitectura, Geografía, Cartografía y Geodesia.

La planificación territorial suele ser responsabilidad de la administración pública, sea local, regional, nacional o supranacional, y está íntimamente ligada a la gestión ambiental y la geografía humana. Es un proceso eminentemente económico, pues su objetivo es el desarrollo sostenible, cuyo producto tangible será un Plan Territorial de Ordenamiento y Desarrollo o Plan de Ordenamiento Territorial. Un estudio de esa naturaleza trae implícito el uso del suelo, que necesariamente alterará su valor.

Volviendo al ABC enunciado, así como nadie al momento de vestirse se pondrá primero los zapatos, en una ciudad no debería autorizarse obras de ninguna naturaleza —industria, recreación, salud, vivienda o administración— sin antes asegurarse que haya, al menos: Calles para llegar, agua, solución al deshecho y tratamiento de aguas servidas y basura… antes de generar caos, en donde antes no lo hubo.

La mayoría de pueblos y ciudades en Guatemala tienen origen precolombino, lo mismo que la mayoría de carreteras existentes, que en la década 1950-60 fueron ampliadas y asfaltadas: Calzada Aguilar Batres, Roosevelt, San Juan, San José Pinula y un largo etcétera. Hoy, ante la ausencia de planificación, el país y la casi totalidad de sus ciudades son un caos, haciendo perder tiempo y dinero a sus habitantes.

Las autoridades, por su parte, llegan sin tener idea de lo que el cargo que ocuparán representa, ni el significado del término planificación, convencidas de que fueron electas para resolver su situación económica y la de su descendencia para el resto de la eternidad.

¡Urge cambiar de paradigma!