Imagen es percepción

El abuso policial y la mala comunicación en la PNC

Brenda Sanchinelli imagen_es_percepcion@yahoo.com

El fin de semana pasado, conduciendo por una carretera un poco solitaria, vi a lo lejos unos conos color naranja a la mitad de la vía, con tres o cuatro policías que me hicieron un alto. No había colocada ninguna señalización que indicara ser un retén formal, sino algo antojadizo, de un grupo de policías que seguramente querían redondearse su sueldo a costa de infundir terror. Una patrulla aislada, en medio de la nada, que sin razón alguna pretendía que yo me detuviera. Al unísono las amigas que me acompañaban me dijeron: ¡No pares! Esto no es legal.

Continúe mi marcha a una velocidad normal, pensando que la cosa terminaría allí. Cuál sería mi sorpresa, cuando a unos pocos kilómetros la patrulla venía siguiéndome con la sirena puesta, se puso al lado izquierdo y me obligó a orillarme y parar. Luego me pidieron que les mostrara los papeles del auto y mi licencia, y con prepotencia uno de ellos me dijo: ¿No vio que la paramos atrás? Mis pobres amigas estaban aterradas, porque más bien estos agentes parecían de una clica que unos policías para protegernos.

Calmadamente y usando mi inteligencia emocional para responderles, dije: “Lo siento, interpreté que solo me habían dicho que bajara la velocidad, y en ninguna parte leí que dijera puesto de registro, entonces por eso no paré”. Me dejaron ir, al ver que no había cometido ninguna falta y no les quedó otra.

De este aterrador momento surgen muchas interrogantes que considero deberían ser aclaradas, no solo para mí, sino para cientos de miles de ciudadanos que se han visto en circunstancias parecidas o peores, pero no corrieron con la misma suerte que yo. Innumerables veces, sobre todo por las noches, una patrulla aislada le hace el alto a un vehículo, fingiendo ser un supuesto retén, sospechoso, aislado de cámaras. Si la persona va sola, es la víctima perfecta, casi siempre la hacen bajar del auto, le ponen droga o le recogen su licencia injustificadamente, advirtiéndole de que no si no le gustaría pasar la noche en la Torre de Tribunales o en una comisaría es mejor que coopere con ellos, lo que implica una “mordida”. Incluso algunas personas que no llevan dinero consigo son obligadas y escoltadas por la patrulla para ir a un cajero automático y retirar efectivo para entregarlo a los policías. Advirtiéndole de que tienen sus datos, saben dónde vive y si los denuncia se atenga a las consecuencias.

Estos delincuentes con uniforme actúan de esta manera porque el sistema se los permite. Existe poca información de cómo deben ser los operativos para detener un vehículo, cuáles son las normas y los derechos de la persona que va conduciendo. El Ministerio de Gobernación debe informar a la ciudadanía cómo se identifica a un retén oficial y los protocolos de revisión.

Es evidente la corrupción de la gran parte de los agentes de la PNC, personal que es mal pagado, mal capacitado, no recibe una formación mística profesional y por eso proyecta una mala imagen; no solo ellos, sino toda la institución. Hay varios casos de agentes vinculados en asaltos, robos de automóviles, sobornos y tráfico de armas. En los últimos dos años se han presentado mil 544 denuncias contra agentes de la PNC por, aparentemente, estar relacionados en actos ilícitos. Este problema no es nuevo, y no solo existe a nivel policías, sino también en mandos medios y altos.

En general, los de la PNC no reflejan un perfil idóneo para trabajar como agentes de seguridad pública. Imagínense, si en este país hasta un narco puede ser diputado, tampoco es raro que un delincuente sea agente policial. Espero que el ministro de Gobernación tome cartas en el asunto.