Con otra mirada

El barroco en el tiempo y el espacio

José María Magaña Juárez jmmaganajuarez@gmail.com

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Actualmente, el desarrollo de la tecnología en las comunicaciones debido al internet permite conocer lo que pasa en cualquier rincón del planeta, en el momento preciso que sucede; pero no siempre fue así. Para ilustrarlo, comento algunos hechos relacionados al arte.

El barroco, por ejemplo, fue un movimiento artístico producto de la evolución cultural europea que en términos musicales se lo data por la publicación de la primera ópera (1600) y la muerte de Johann Sebastian Bach (1750). Tal corriente combinó la religiosidad del Medioevo con la innovación del hombre como centro del pensamiento en el Renacimiento. En las artes plásticas se reconoce a Gian Lorenzo Bernini como su mejor exponente; en tanto que en la arquitectura, a Francesco Borromini, quien transformó el concepto lineal del espacio renacentista por uno envolvente, que más adelante dio lugar al desarrollo moderno.

La conquista española trajo al continente americano una nueva religión y con esta, su arquitectura. La primera capilla construida fue la de N.S. de la Concepción, en San Jacinto (Salcajá, 1524), consistente en un pequeño recinto cuadrado al que luego se agregó una nave, con todo el influjo expresivo de la mano de obra quiché en su fachada.

La primera iglesia formal fue la de San Cristóbal Totonicapán (Pahulá), de carácter defensivo, representado por la torre circular del campanario, en tanto el espacio interior fue renacentista, rectilíneo, arropado por retablos barrocos; fue destruida por el terremoto de 1689. Su inmediata reconstrucción fue dedicada el 26 de junio de 1711. Contrario al desarrollo artístico del barroco prevaleciente en las “artes menores”, el espacio arquitectónico siguió siendo renacentista.

Mientras eso ocurría en Guatemala, en el Viejo Mundo el barroco estaba en auge. Entre 1506 y 1626, los arquitectos Bramante, Sanzio, De Sangallo, Miguel Ángel, Maderno, Della Porta y Bernini construyeron la basílica y plaza de San Pedro, en el Vaticano. Borromini, en 1638, empezó a construir San Carlos de las 4 fuentes, y en Madrid, en el barrio de Malasaña, en el chaflán de la Corredera Baja de San Pablo y la Calle de la Puebla, en 1624, la institución San Antonio de los Portugueses, que actuaba como hospital, dándoles cobijo y comida, comenzó la construcción de la pequeña iglesia barroca de planta central, con bóveda elíptica que la cierra y muros ricamente pintados al fresco. En la bóveda destaca la imagen del santo, hacia el oriente, recibiendo al Niño Dios de las manos de la Virgen María, del pintor de la corte Luca Giordano.

San Antonio, conocido como De Padua (donde falleció, 1231) y De Lisboa (donde nació, 1195), fue sacerdote franciscano, predicador y teólogo portugués, doctor de la Iglesia. Se le representa con el Niño, por lo que tiene el carácter de protector de la infancia.

Con la separación definitiva de Portugal de España, el templo cambió de manos en 1640, pasando a los alemanes llegados a Madrid junto a Mariana de Austria, hija de Felipe Guillermo de Neoburgo, casada con Carlos II. Cerca está la calle de los tudescos, que recibe su nombre en referencia a los regimientos alemanes del rey de España.

Así, pues, en América, el barroco en la arquitectura religiosa se produjo tardíamente. Se reconoce por la introducción de complejos elementos compositivos y decorativos dentro del espacio rectilíneo renacentista, que no llegaron a crear el rico y variado espacio barroco, propio del período; calidad que sí produjeron la pintura, la escultura y la carpintería de los retablos, con una excepción: El Carmen, en La Antigua Guatemala.