Si me permite

El buen ánimo siempre es magnetismo contagioso

Samuel Berberián samuel.berberian@gmail.com

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“Ninguna empresa se ha llevado a cabo sin ánimo y entusiasmo”. Ralph Waldo Emerson

Cuando observamos cómo las diferentes relaciones que se van cultivando están nutridas por una convivencia que ha sido enriquecida por la participación de cada una de las partes, podemos ver que lo más bello es que cuando tiene un buen sabor la convivencia se busca continuarla y sin duda alguien en el grupo, con su buen ánimo, marca la pauta de la relación.

En nuestras relaciones hay una atracción de una manera selectiva y está determinada por alguien, por lo que comparte y expresa de una manera que un saludo puede llegar a ser una visita de tiempo extenso.

En una sociedad como la nuestra, en la que las dificultades y los contratiempos afectan no solo a uno como individuo sino también las relaciones con las demás personas, se requiere estar preparado con el buen ánimo para superar la realidad que el entorno impone y llegar a ser una persona que otros buscan por lo agradable y saludable que es su buen ánimo, porque siempre sabe compartir en sus relaciones.

Cuando estamos dispuestos a entender que el buen ánimo nace primordialmente en la voluntad y no tanto en los sentimientos que uno puede expresar, esto nos debería guiar para que podamos ser más propositivos en iniciar el día o la actividad que nos ocupa con el mejor de los ánimos, porque de ese modo las cosas estarán encaminadas mucho mejor, y mucho más fácil podremos llegar a la meta que nos hemos propuesto.

Indudablemente la manera en la que percibimos las cosas será muy propensa para ayudarnos o bien limitarnos para conservar y compartir un buen ánimo. No es extraño que se le cuestione a alguien por qué está incomodo o bien por qué está molesto, y lo sorprendente es cuando la persona nos contesta que no es así, sino que está pasando un tiempo de quebranto de salud o está padeciendo un dolor. Cuando entendemos esa realidad nos damos cuenta de que el estado de ánimo de muchos está afectado no por asuntos de personalidad, sino por un estado de salud física que los limita.

En nuestras relaciones es claramente entendido que cuando a alguien se le saluda es una cortesía corresponder el saludo, al igual cuando alguien se cruza y proyecta una sonrisa de amabilidad, lo menos que uno puede hacer es corresponder esa sonrisa. No es porque nos conocemos, simplemente es una manera cordial de saludo. Igualmente, es muy fácil leer en el rostro de los que nos rodean su estado de ánimo, sea negativo o positivo. Por lo mismo, es de proponernos nosotros cultivar y tener buen ánimo por encima de las circunstancias que estamos viviendo y poderlo compartir con los de nuestro derredor, estando seguros de que de alguna manera podemos hacer el punto inicial para que se contagie a los demás.

Muchos de los que nos rodean en esta vida viven estados de soledad o frustración, y el colmo es que no tienen con quién compartirlo y poderse aliviar, pero si esas personas cuando tienen trato con nosotros pueden encontrarse con alguien que tiene un buen ánimo y está dispuesto a compartirlo, este puede llegar a ser el remedio que puede cambiarles el panorama.

Para nuestro propio bien, determinémonos en este día ser los iniciadores de un estado de ánimo agradable en el medio que nos movemos, sin esperar que se nos reconozca o se nos dé crédito. Simplemente seamos sembradores, y la cosecha a su tiempo llegará.