Aleph

El camino de Hillary a Kamala

Carolina Escobar

Traigo aquí a Hillary Saraí Arredondo y a Kamala Harris. La primera, una niña guatemalteca de 3 años que desapareció el 17 de enero de 2021 vistiendo una camiseta blanca y un pañal del mismo color y que apareció al día siguiente, ultrajada y asesinad,a en un paraje solitario de Escuintla, Guatemala. La segunda, una profesional estadounidense de 56 años, hija de inmigrantes, oficialmente nombrada ayer como la primera vicepresidenta de los Estados Unidos de América.

De Hillary a Kamala hay un camino por trazar para las niñas de los países pobres del mundo, si la clase política y las sociedades de estos países entendieran que no hay mejor inversión que la que se hace en la niñez. Entre Hillary y Kamala media un abismo de seguridad y siglos de oportunidades en educación, buena alimentación y salud, para comenzar. Hillary es una de las tantas historias detrás de los 23 femicidios registrados en Guatemala durante los primeros 18 días de 2021; Kamala es la historia de una mujer de origen afroasiático, que ha llegado a ostentar uno de los cargos de mayor responsabilidad en el mundo porque su enorme fuerza de voluntad y un entorno de oportunidades le permitieron llegar hasta allí.

Ayer, la imagen de Kamala Harris sonriendo y saludando con la mirada firme le dio la vuelta al mundo. Ayer también, la joven poetisa Amanda Gorman, presente en la toma de posesión, decía que “una jovencita delgada, descendiente de los esclavos y criada por una madre soltera, podría llegar a ser presidenta”, y recitaba los memorables versos de “no marcharemos de vuelta a lo que fue, sino que nos moveremos a lo que será,” para concluir con un “siempre hay luz, si somos lo suficientemente valientes para verla. Si solo fuéramos lo suficientemente valientes para serla”.

Ayer mismo, en Guatemala, una pequeña caja blanca con el cuerpo de Hillary fue enterrada. Como sucedió hace poco con Irma Misleidy, de 13 años, también de Escuintla, quien fue a la tienda y jamás regresó; o hace pocos días con Yesmin, la niña de 2 años que en octubre del año pasado pesaba 10 libras y murió recientemente porque los pulmones de un cuerpo desnutrido no aguantan una neumonía. En la Guatemala de los últimos años hemos visto cómo se queman niñas y adolescentes en un hogar de “protección” del Estado; cómo se mueren a causa de la desnutrición; cómo ellas son las más excluidas de la educación; cómo son violadas, descuartizadas, desmembradas y tiradas en calles o basureros como si no valieran nada; cómo son desaparecidas y asesinadas. Según el grupo Guatemalteco de Mujeres, del 2000 al 2020 se han registrado 12 mil 494 muertes violentas de mujeres (MVM); 444 solo en el 2020, 253 de ellas consideradas femicidios. La mayoría en los departamentos de Guatemala, Escuintla, Petén y Zacapa.

Por otra parte, en Guatemala se registraron el año pasado 27 mil 907 casos de desnutrición aguda, según el Sistema de Información Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional, de los cuales ya fallecieron 50. Pienso en la madre de Yesmin o en tantas otras jóvenes que acumulan años en los cuerpos envejecidos, embarazados porque sí, y quizás también desnutridos, y esto me remite al número de niñas y adolescentes que quedan embarazadas cada año en Guatemala. Según las cifras del Observatorio de Salud Sexual y Reproductiva, solo en 11 meses del 2020 se registraron 90 mil 936 embarazos en niñas y adolescentes de entre 10 y 19 años.

¿Cómo hacer para que las niñas y adolescentes de Guatemala se desarrollen plenamente en un “país” así? ¿Cómo lograr que dejen de tener miedo en su casa, en las calles y en todos los lugares? Hay que contar con entornos protectores, con leyes acordes a los tiempos, con políticas públicas y presupuestos que lleguen a ellas. Pero sobre todo hay que dejarlas hablar y escucharlas, hay que dejar atrás el país medieval y machista que somos, donde muchas mujeres no pueden soñar con otra vida y no pueden vivir otra vida. Queremos movernos a lo que será.