A contraluz

El covid-19 no es un juego

Haroldo Shetemul @hshetemul

La pandemia del covid-19 ataca a todo ser humano, no distingue colores, clases sociales, ideologías, géneros, ni diferencias de ningún tipo. Es fundamental la unidad nacional para enfrentar esta emergencia porque cada vida, cada guatemalteco cuenta, y eso pasa por mantener medidas estrictas para evitar el contagio. El lunes pasado vimos al presidente Alejandro Giammattei enérgico en la vía correcta para detener el avance del coronavirus en el país. Anunció la suspensión de actividades laborales en instituciones públicas y privadas, cierre de centros comerciales y negocios, a excepción de farmacias, gasolineras, clínicas y hospitales. Prohibió el transporte público, urbano y extraurbano, así como suspendió las actividades educativas y religiosas. Sin embargo, un día después Giammattei retrocedió con el cierre de comercios y dejó a discreción de las personas quedarse en casa o salir, “por si quiere ir a la zapatería de doña Chonita”.

Las expectativas que había generado el presidente se vinieron al suelo en momentos en que se necesitaba un liderazgo contundente. Otro tanto ocurrió cuando el mandatario llegó al Congreso el miércoles y se dio de besos y abrazos con diputadas y diputados, cuando él mismo había pedido suspender las reuniones masivas y evitar ese tipo de saludos. No hay necesidad de ser brujo para entender la existencia de presiones del sector privado para que el mandatario diera su brazo a torcer y creara más incertidumbre con la decisión de dejar a la libre la apertura de comercios de todo tipo. Ese quiebre en las disposiciones oficiales deja en grave riesgo a miles de trabajadores que para no perder su empleo deben buscar cualquier tipo de transporte para llegar a las empresas. Entonces, ¿dónde quedó la preocupación por la salud de todos los guatemaltecos?

Para no ir más lejos, el presidente salvadoreño, Nayib Bukele, ha sentado cátedra en esta materia. Ordenó el cierre de todas las maquilas y call center en su país, por alta concentración de personas. Con una claridad meridiana dijo: “Los empresarios tienen dinero suficiente para vivir 20 vidas, no estén pensando que van a perder un 20% de su capital”. Bukele tomó medidas económicas a favor de los sectores más vulnerables, como la pequeña empresa y los trabajadores. Suspendió el pago de la cuota de energía eléctrica, agua, telefonía, internet y cable por tres meses, el cual se hará efectivo en un período de dos años, sin generar mora ni interés. También ordenó el congelamiento de los créditos hipotecarios, personales y de tarjetas de crédito, así como la suspensión del pago de crédito a casas comerciales durante tres meses. Ese es el liderazgo que se requiere en una crisis como la actual. Las disposiciones oficiales no deben estar en función de quedar bien con el sector empresarial, como ha ocurrido en Guatemala. Si hablamos de sacrificios, estos deben ser parejos para todo mundo.

Es necesario que Giammattei reflexione que lo más difícil está por venir y es fundamental extremar las medidas. La experiencia en otros países indica que los infectados no detectados aceleran el contagio del coronavirus. En China, por ejemplo, el virus fue detectado el 31 de diciembre y fue hasta el 23 de enero cuando se bloqueó la ciudad de Wuhan y la cuarentena obligatoria de todos los habitantes en sus casas. Ya era demasiado tarde porque el 86% de las infecciones no habían sido detectadas y las personas seguían con su vida normal, como doña Chonita y sus clientes. El virus se había expandido en más de 400 ciudades chinas y había viajado al exterior. Hay que entender que el covid-19 no es un juego. Se requiere de medidas enérgicas para detenerlo, porque si llega a extenderse en Guatemala, la situación será trágica, por la debacle en que se encuentra el sistema hospitalario, que no tiene capacidad para enfrentar un contagio masivo.