Si me permite

El criterio formativo no acepta discriminación

Samuel Berberián samuel.berberian@gmail.com

“La identidad de género es más que un objetivo en sí mismo. Es una condición previa para afrontar el reto para resolver los problemas sociales, económicos y políticos”. Kofi Annan

Al reflexionar sobre la equidad de género deberíamos admitir que este no es un asunto de asimilación, sino que forma parte de un proceso formativo en la vida, y muchas cosas que se toleran pueden deformar a la persona. Por ello debemos, con responsabilidad, orientar a los niños.

Era propio que se nos orientara en los juguetes que estábamos seleccionando y también sobre qué ropa deberíamos usar y el porqué de ello. Esto es lo que ha marcado nuestro modo de ser, nuestros gustos y las cosas que preferimos. Posiblemente en algunos fue más importante que otros, pero de todos modos hubo una orientación. En esta etapa, sin lugar a duda tuvimos una diversidad para desarrollar gustos y preferencias, pero no con la necesidad del trato de género.

No podemos negar que cada generación del pasado, al igual que la nuestra, se ocupó con cuidado en los elementos formativos de la nueva generación, dejando patrones y normas que determinaron cómo sería la próxima generación y qué valores habría de tener para que pueda dar sentido a lo que es y lo que hace.

Es indudable e innegable que cada uno es único, y por lo mismo lleva en su interior una marcada individualidad inconfundible, no simplemente para poder destacar en algo, sino para poder cumplir con la responsabilidad que esto conlleva como personas que tenemos un papel que desempeñar en la vida.

Cuando hablamos de equidad de género no estamos visualizando opciones para poder de alguna manera ubicarnos, sino por el contrario, aceptando nuestro género debemos saber cómo funcionar para ser aceptados y también para poder lograr los sueños que nos hemos guardado, para que de ese modo podamos tener el sentimiento de logro y gratificación que esta vida nos puede dar.

Mucho de lo que nosotros somos podemos decir que es por los primeros pasos que dimos. Estos fueron guiados y orientados por nuestros mayores en la manera como ellos pensaron que debería ser, pero llegó un tiempo, cuando tuvimos que evaluar lo que se nos dio como marco formativo, si este lo deberíamos conservar o bien mejorarlo.

Nuestras decisiones posiblemente para algunos de los nuestros no fueron del mayor agrado, pero escogimos nuestro perfil y el destino que quisimos alcanzar y para ello nuestro género fue determinante.

Por ejemplo, no es extraño que en alguna ocasión se nos ofrezca alguna prenda bonita, pero cuando la observamos tenemos que concluir que esa prenda no es para nosotros. Probablemente no tengamos los suficientes argumentos para poder justificar por qué, pero no nos podemos ver usando esa prenda por elegante que sea. Esto es igual con las personas con que nos relacionamos, el simple hecho de afinidad y compatibilidad no es suficiente.

No es posible negar la realidad de muchos que se han relacionado por ciertos intereses con ciertas personas y finalmente no ha funcionado y no han podido convivir. Este sentir no tiene nada que ver con discriminación, sino que es el simple hecho de compatibilidad.
En estos días, con mucha más razón, debemos ser cuidadosos de cómo orientamos e instruimos a las nuevas generaciones para que puedan tener una equidad de género y saber desempeñar el papel que les toca a cada uno.