Miramundo

El despertar del luquismo

Alejandro Balsells Conde @Alex_balsells

Publicado el

El 23 de marzo de 1982 se dio un Golpe de Estado y los libros cuentan el derrocamiento de Fernando Romeo Lucas García, pero 15 días antes se habían llevado a cabo “elecciones” y el “ganador” Ángel Aníbal Guevara se prestaba a gobernar. De manera formal se derrocó a Lucas, pero el golpe fue para impedir la asunción de Guevara. Los gobiernos militares fueron hábiles para ejecutar fraudes electorales siempre acompañados de Abogados.

Roberto Ardón en su investigación sobre los Triunviratos nos retrata como en aquel 23 de marzo privó la suerte para el éxito del movimiento, la mayoría de Jefes Militares no apoyaba el golpe y los detalles constan en ese excelente libro. El gobierno de Lucas representó todo lo peor, los asesinatos por parte de agentes del Estado u organizaciones bendecidas por el favor oficial era noticia diaria. Estar vinculado a la Universidad de San Carlos era una amenaza, el propio Rector Saúl Osorio hubo de salir al exilio. El Organismo Judicial fue el gran cómplice, jamás investigó y menos sancionó.

En Guatemala se llevaron a cabo acciones puntuales de genocidio. Los hechos están establecidos, conocemos los tropiezos de los procesos judiciales formales, pero los elementos para señalar las acciones puntuales de genocidio están evidenciadas y el convencimiento priva entre quienes acuden a informaciones serias y no respire dogmas negacionistas.

El Golpe de Estado del 23 de marzo de 1982 fue decidido por oficiales jóvenes, requerían de un líder conocido y buscaron a Efraín Ríos Montt quien fue la cara visible de la acción, primero con un triunvirato y luego él solito se proclamó presidente encarnando una dictadura. Para el país las diferencias entre el gobierno de Lucas y el de Ríos Montt no fueron muchas, la represión siguió, quizás la urbana en menor escala, pero la práctica de tierra arrasada continuó, tal vez el cambio más notorio fue lograr una mayor apertura internacional.

Relato lo anterior porque aquel luquismo convertido luego en riosmontismo, tuvo apoyo de importantes sectores de poder y acá deben leerse bastiones económicos, militares, académicos, profesionales, de la prensa y sin duda hasta sindicales, así como de otros órdenes. Un régimen abusivo no se sostiene sólo. Lucas tuvo discurso de apertura democrática, pero en la práctica sus hechos demostraron lo contrario. El cierre de espacios políticos formales fue la fórmula maquillada por cambios administrativos y legislativos, por ejemplo, Lucas permite la inscripción del FUR y asesina a Manuel Colom, autorizó al PSD y asesinó a Alberto Fuentes Mohr. Ríos Montt por su parte llamaba a la organización de partidos pero armaba la dictadura para quedarse en el poder de forma indefinida. En 2021 vemos relevantes sectores que poco les importa, por ejemplo, saber que bajo la base militar de Cobán se hallaron cientos de cuerpos mutilados y asesinados luego de sufrir torturas, o que a la fecha se lleve a cabo el proceso judicial sobre el Diario Militar, siendo este el mayor esfuerzo por responsabilizar a agentes estatales por el destino de detenidos desaparecidos. El desprecio al dolor ajeno es evidente.

Creíamos superado el luquismo pero nos equivocamos, su esfuerzo para el aislamiento internacional, la corrupción galopante, la utilización de la justicia para perseguir opositores, la resurrección del “orden público” para barnizar abusos, la cooptación de los controles republicanos y hasta el aparecimiento de justificadores para, por ejemplo, argumentar que la votación del Consejo Superior Universitario para elegir Magistrados a la Corte de Constitucionalidad está mal solo sobre la magistrada molesta, pero bien para su suplente cuando la forma fue la misma, nos marca los niveles de absurdos heredados, los cuales solo generan abuso y autoritarismo.