Si me permite

El Día de la Madre debe reflejar una relación

Samuel Berberián samuel.berberian@gmail.com

“A una madre se la quiere siempre con igual cariño; y a cualquier edad se es niño cuando una madre se muere”. José M. Peman

La celebración para el Día de la Madre en nuestro medio o en cualquier parte del mundo no siempre asegura que se está comunicando cariño y aprecio a la persona que se está agasajando, puede muy fácilmente confundirse el momento alegre que se está teniendo con un buen momento con la familia y la persona por la cual se está organizando la actividad está perdida en toda la algarabía.

Además, muy fácilmente esperamos que en un día de celebración se olviden los atropellos que se pueden haber cometido contra la persona honrada. A la verdad, los atropellos solamente se pueden enmendar con auténticas disculpas y un cambio de conducta y procedimiento, para dar un tiempo que pueda sanar ese recuerdo tan desagradable que se ha vivido y que está en un rincón de los recuerdos.

Es importantísimo que la persona que está criando los hijos pueda cuidadosamente cumplir todos los deberes que la instrucción requiere porque ese proceso puede dar el beneficio de un respeto para toda la vida y que sin lugar a dudas hace bien para ambas partes porque es parte de uno y no simplemente una modalidad de educación y relaciones humanas.

Además del provecho del momento, se asegura el reconocimiento de los hijos y también de los extraños, que cuando vean a ese adulto no puedan negar que hubo una madre que hizo la tarea que ningún otro podría haber hecho, y bien hecho también.

La relación de madre e hijos es como el cultivo de una planta, cada etapa, por diferente que sea, es importante y debe siempre ser regada con una comunicación constante y productiva para que no deje vacíos en la interrelación. Este proceso es tan importante que se vuelve muy evidente con el solo observar cómo se tratan las dos partes en cualquier edad y en cualquier lugar que se les encuentre.

No hay ningún problema con toda la algarabía que se crea con el día de la madre por la tradición o simplemente por un contagio social, además de todos los gastos y eventos que pueda conllevar esto.

El cuidado es que esto no esté opacando la verdadera relación. Sin lugar a dudas, con regalos o sin regalos el aprecio y cariño claramente se pueden hacer llegar.

Ningún sacrificio que una madre haya hecho en el proceso de su crianza está perdido, sea este manifiesto o en secreto, donde nadie lo sabe, es muy posible que no refleje resultados inmediatos, pero que los tendrá nadie los puede negar.

Sin lugar a dudas es triste observar a algunos hijos llegar a la tumba de una madre para decirle una serie de cosas que nunca le dijeron en vida. Pero es gratificante y renueva las fuerzas de una madre el respeto y cariño que un hijo puede expresarle en vida y cuando reconoce todo lo que ella un día hizo para que él llegara adonde ahora está.

En medio de toda la algarabía del Día de la Madre, podemos cada uno de nosotros hacer la diferencia con ella, si todavía está a nuestro lado, honrándola y haciéndola sentir bien, para que de ese modo podamos inyectarle una dosis de vida para que sus años finales sean de gratificación y felicidad.

Cada madre es diferente y tiene su propia manera de ser. Eso implica que cada hijo sabrá el modo de poder hacerla feliz y honrarla para que el mensaje le llegue en una forma clara y entendible.