Desde Ginebra

El dilema de la OMC

Eduardo Sperisen-Yurt esperisen@gmail.com

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Tras la Segunda Guerra Mundial, los líderes de 23 países decidieron hacer todo lo posible para evitar una tercera guerra. Su idea compartida era que, en lugar de invadirse entre sí, deberían comercializar en un sistema basado en normas. Razonaron que, si todas las economías de las naciones estuvieran integradas, la tentación de enfrentarse mutuamente disminuiría y la coexistencia pacífica sería inmensa.

Y así, el 30 de octubre de 1947 se firmó el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT). Los Estados Unidos lideraron el establecimiento del sistema de comercio global basado en reglas. Con el GATT, y posteriormente la Organización Mundial del Comercio (OMC), ha tenido un gran éxito en el logro de sus objetivos principales.

Ahora es una organización internacional de 164 miembros, que se creó para establecer, supervisar y administrar las normas comerciales multilaterales, así como para servir de foro para las deliberaciones de la liberalización del comercio mundial. Estados Unidos fue una fuerza importante detrás del establecimiento de la OMC en 1995.

A lo largo de los años, los miembros han cumplido con las reglas acordadas, pero si un miembro infringe las reglas, ignorando las decisiones alcanzadas y contraviniendo los procedimientos, los demás pueden acudir al mecanismo de solución de controversias.

Con la OMC se dio inicio a un nuevo orden de comercio mundial, instalando un sistema único vinculante de solución de controversias para sus miembros, que ha sido considerado como la joya de la corona de la Organización.

Sin embargo, últimamente la capacidad de la OMC, como órgano supremo de normas comerciales, ha sido cuestionada, existiendo un creciente debate sobre la pérdida de relevancia de la OMC para abordar muchas de las cuestiones comerciales modernas y resolver las controversias entre sus miembros.

Esto había sido posible hasta ahora, en parte por el liderazgo ejercido por Estados Unidos en el sistema de comercio mundial, que se ha sentado a la mesa, para que la agenda del comercio internacional se promueva y se defiendan sus intereses.

Sin embargo, la evolución y la agenda del comercio mundial, aunque sigue siendo de interés para Estados Unidos, ha cambiado su liderazgo, a tal punto que comenzó a cuestionar la capacidad del organismo para resolver asuntos que han estado presentes desde hace mucho tiempo, debido a que piensan que no protegió sus intereses de forma adecuada. Sentimiento similar que también ha surgido entre otras naciones miembros de la organización.

Cuando los 123 miembros de la Organización Mundial del Comercio (OMC) reemplazaron al GATT en 1995, las decisiones sobre disputas se hicieron vinculantes para los miembros. Las disputas ahora son adjudicadas por paneles cuyas decisiones pueden ser apeladas ante el Órgano de Apelación nombrado apropiadamente.

El Órgano de Apelación normalmente tiene siete miembros, pero Estados Unidos ha estado vetando el nombramiento de nuevos miembros para reemplazar las vacantes. El mínimo para escuchar una apelación es de tres miembros y de dos de esos tres vencerá su termino próximamente, en diciembre de este año, haciendo inoperable al Órgano de Apelación.

En este siglo las negociaciones comerciales son mucho más difíciles. Un tamaño no se ajusta a todos, pero la OMC tiene que lidiar con una realidad siempre presente de la diversidad de sus economías. El amplio espectro de niveles de desarrollo, en el sistema de comercio multilateral, no es nuevo, y siempre ha presentado un reto. El consenso se ha vuelto cada vez más difícil de alcanzar y el mantenimiento del statu quo, como ha sido usual, ya no es viable.