Sin fronteras

El dilema ético de mostrar o guardar: Carlos Gregorio Hernández

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En mayo trascendió la noticia de un sexto menor guatemalteco que falleció bajo custodia de la guardia fronteriza estadounidense. Los seis casos, todos, en menos de un año. Se empezó a volver costumbre como poco a poco los medios periodísticos que se interesan por indagar sobre el fenómeno de la migración fueron obteniendo datos. Se supo que su nombre era Carlos. Que tenía 16 años de edad. Y luego, que la Patrulla Fronteriza informó sobre una muerte por complicaciones de una gripe. Como en los otros casos, nació la sospecha sobre malas prácticas en el cuidado de menores. El informe oficial dijo que al niño se le encontró fallecido en un chequeo de rutina. Es decir, a pesar del cuidado oficial. Carlos, se supo, provenía de alguna región de Cubulco, en Baja Verapaz. La suya, una familia sumergida en el corazón del Corredor Seco, al olvido del Estado. El recurso del lugar es “jalar pa´l norte”. Así, Carlos salió a morir. A morir físicamente, como también en el olvido público. Esto hasta que este jueves, la agencia de noticias de investigación Propublica divulgó el video de los últimos minutos de vida de Carlos, que demuestran condiciones inadecuadas para un joven enfermo, pero también, que EE. UU. miente sobre el cuidado que da a los menores migrantes.

La muerte de este joven se dio en un clima político de máxima tensión, pues grupos y sectores han denunciado que el gobierno estadounidense somete a las personas capturadas a condiciones que son indignas de un país civilizado. Su gobierno, y en especial la Casa Blanca de Trump, han mantenido una defensa irreflexiva. Han negado todas las acusaciones sobre tratos draconianos. Han negado que existan prácticas de tortura. Pero a la vez, también han cerrado acceso a la información. Existe, por ejemplo, restricción a que periodistas ingresen a los centros de detención de migrantes. A los poquísimos que han logrado entrar se les prohíbe tomar foto o video. Congresistas demócratas divulgaron lo que vieron tras lograr entrar a uno de los centros. Sus opositores les llamaron mentirosos. Mientras, nuestro Estado, guardando silencio. Dilatando acción. Evitando condena. Y evadiendo responsabilidad de indagar por la verdad, sin hacer una necropsias propias, sin buscar acceso a información diplomática. En fin, las seis paupérrimas familias, dejadas a su suerte, en los campos del olvido chapín.

El video de Carlos ha dado la vuelta al mundo, poniendo en evidencia que Patrulla Fronteriza no es de fiar en sus declaraciones sobre el trato que da a quienes captura. Sin embargo, también ha traído mayor zozobra a la familia verapacense, que volvió a ser víctima, por las crudas imágenes de agonía de su ser querido. Por ello emitieron una declaración, exponiendo el dolor que les causa que el mundo entero vea la muerte de su hijo, solicitando que el video ya no sea divulgado. Se levanta, pues, el dilema ético de si guardar o mostrar, y de cuál es el bien mayor. Nuestra solidaridad máxima va hacia la familia doliente, pero el mundo necesita conocer la verdad.

Sin embargo, Propublica es un medio de periodismo investigativo que hace esfuerzos por llegar en detalle a la verdad verificada. No se especializan en noticias del momento, sino en mostrar qué existe detrás de ellas. Fueron ellos quienes revelaron al mundo en 2018 cómo era el sonido del llanto de los niños separados por la política de Tolerancia Cero de Trump. Y esta semana han demostrado en un video que la Patrulla Fronteriza miente sobre el cuidado de los menores migrantes. Y en nuestro caso particular, que cuando la canciller Jovel, el ministro Degenhart y la primera dama viajaron a la misma ciudad donde murió Carlos, tan solo un mes después de su deceso, su respaldo al trato inhumano de Trump fue, cuando menos, negligente. Esto si no es que un acto deliberado de lesa humanidad.