Imagen es percepción

El Estado debe proteger a los abuelitos en la pandemia

Brenda Sanchinelli imagen_es_percepcion@yahoo.com

Desde que empezó esta pandemia he recibido cualquier cantidad de correos y mensajes de mis lectores de oro. Las personas de la tercera edad me han comentado todas las penurias que están pasando y me han pedido que, a través de este espacio, le hiciera saber al presidente Giammattei ciertas situaciones para que así pueda apoyarlos. Este grupo es el de mayor riesgo ante el covid-19, y su vulnerabilidad a la hora de contraer el virus podría implicar cuidados especiales, incluso hospitalización, uso de respirador y riesgo de perder la vida.

1. El aspecto económico. Si ya de por sí para los jubilados las condiciones de vida han sido muy duras en este país, muchos de ellos reciben una “pensión inhumana”, asignada por el Estado —que a veces no llega ni a 500 quetzales al mes—, con esta pandemia se agravan sus circunstancias de precariedad. Se les ha “recomendado” que “se queden en casa” y muchos de ellos no pueden desplazarse al banco —porque no hay transporte público— para cobrar el dinero de su pensión mensual. La mayoría no cuenta con el apoyo de un familiar para hacer estas diligencias y requieren también que sea un trámite personal. Es inaudito que le exijan a un abuelito que maneje un smartphone donde él reciba un mensaje y vaya a un cajero a hacer ese trámite. La mayoría de los adultos mayores no tienen teléfono y no pueden llenar un formulario en línea. El Gobierno debe facilitar los procesos y llevarles el dinero a la puerta de su casa, algo que no implique dificultad para el ancianito. En cuanto al monto de la pensión asignada, también debe incluírseles en un bono especial de emergencia, para que puedan tener fondos para cualquier eventualidad. Recordemos que muchos de ellos trabajaban y los suspendieron de sus labores, por lo que se alteró su presupuesto mensual.

Es una afrenta para el pueblo de Guatemala que los funcionarios públicos sigan devengando sus jugosos sueldos hasta de seis cifras, sin remordimiento alguno, mientras nuestros ciudadanos de oro, que han dejado su vida entera al servicio de una empresa o del Estado, vivan al día y les toca recibir las migajas que dejan estas sanguijuelas del Estado. Debe ser de emergencia nacional promover aumentos significativos en las pensiones de supervivencia, que sean acordes a la época que vivimos, y no las de hace 50 años, con las cuales los ancianos puedan solventar sus gastos con decoro.

2. Atención médica. La mayoría de las personas de la tercera edad padece enfermedades que requieren cuidados especiales. Muchos de ellos necesitan una consulta externa para el tratamiento continuo de estos males. Ahora que no pueden ni deben acudir a hospitales, los pacientes tendrían que ser atendidos en su casa, en caso de emergencias. Debe crearse un protocolo de atención médica con una ambulancia y médico que los visite a domicilio. Así mismo, debe informárseles del protocolo primario a seguir en caso de contraer coronavirus.

3. Los medicamentos. Quienes tenían ya recetadas sus medicinas para otro tipo de enfermedades, deben seguir recibiéndolas en casa. Esto es de vida o muerte para los ancianos, porque de no continuar con sus tratamientos, su salud se pone en riesgo. El Estado y todos debemos respaldar a estas valiosas personas que en su juventud aportaron lo mejor de sí a la sociedad y la familia. Ellos pagaron sus cuotas e impuestos durante toda su vida y hoy merecen ser prioridad. Los gobernantes deben sensibilizarse, hoy más que nunca, ante las necesidades de las personas de la tercera edad, y en este momento tan delicado que está atravesando el mundo, considerar que ellos requieren todo el apoyo posible para salir adelante.