PLUMA INVITADA

El hambre que satisfacen ‘Barbie’ y Taylor Swift

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Los dos más grandes fenómenos del entretenimiento de este verano, la película Barbie y la gira Eras Tour de Taylor Swift, tienen mucho en común. Ambas son protagonizadas por rubias convencionalmente guapas alternativamente se deleitan con la feminidad dominante y se quejan de sus limitaciones, representando una ambivalencia compartida por muchos de sus aficionados. Ambas, bajo sus exuberantes apariencias populares y sofisticadas, cuentan historias femeninas de madurez marcadas por crisis existenciales y amargas confrontaciones con el sexismo. (La tercera canción del repertorio de Swift es The Man, cuyo estribillo es: “Estoy harta de correr tan rápido como puedo/ preguntándome si llegaría antes/ si fuera hombre”). Y ambas se han convertido en éxitos.

' Michelle Goldberg

Más que una simple película, se ha convertido en un acontecimiento cultural de primer orden.

Barbie acaba de registrar el mayor ingreso para una película durante un fin de semana de estreno este verano, superando expectativas de por sí elevadas al recaudar 162 millones de dólares. Más que una simple película, se ha convertido en un acontecimiento cultural de primer orden, con admiradores que acuden a la cita con trajes elegidos con cuidado y luego hacen tiktoks en los que lloran emocionados. El feminismo descarnado de la película —su villano es, literalmente, el patriarcado— ha provocado una agradable reacción impotente de la derecha. Ben Shapiro, figura conservadora de los medios de comunicación, abrió un monólogo de 43 minutos sobre lo “visceralmente enfadado” que lo había puesto la película prendiendo fuego a dos muñecas Barbie.

Los titulares sobre Barbie son un reflejo de las noticias sobre la gira de Taylor Swift (que, para que conste, no he visto, pues las entradas de reventa se venden a miles de dólares). The Eras Tour podría convertirse en la gira musical más taquillera de la historia, impulsando la economía de las ciudades por las que pase Swift. Más que una serie de conciertos, se ha convertido, como Barbie, en un gran acontecimiento cultural, en el que los aficionados también se presentan con atuendos seleccionados con cuidado y luego hacen tiktoks llorando extasiados. Y aunque Swift no ha provocado a la derecha de la misma manera que Barbie, hizo enfadar mucho a Shapiro con un discurso que hizo sobre el Mes del Orgullo durante una parada en Chicago.

Una lección obvia del enorme éxito de Barbie y de The Eras Tour es que existe un mercado enorme y desatendido para el entretenimiento que se toma en serio los sentimientos de las niñas y las mujeres. Tras años de aislamiento, políticas reaccionarias y una crisis de salud mental que ha golpeado con especial dureza a las niñas y las jóvenes, existe un anhelo palpable tanto de deleite comunitario como de catarsis.

“Lo que ocurre entre la multitud es desordenado, salvaje, benévolo y hermoso”, escribió Amanda Petrusich en The New Yorker sobre un concierto de Swift. Una mujer que asistió a una de las primeras proyecciones de Barbie declaró a The Guardian que llevaba dos años esperándola: “Me moría de ganas de ir al cine y experimentar algo que pareciera un evento monocultural”.

Parte de lo que ha hecho que Barbie tenga tanta resonancia —más allá de los placeres “camp” de sus fantásticos trajes y decorados— es que trata el hecho de convertirse en mujer como el viaje de un héroe. (Un momento crucial de la película se produce cuando Gloria, el personaje de America Ferrera, pronuncia un discurso improvisado sobre las exigencias imposibles que se imponen a las mujeres: “Nunca hay que envejecer, nunca hay que ser grosera, nunca hay que presumir, nunca hay que ser egoísta, nunca hay que caer, nunca hay que fracasar, nunca hay que mostrar miedo, nunca hay que pasarse de la raya”, declara. “¡Es demasiado difícil! Es demasiado contradictorio”.

Lo importante de este monólogo —cuidado que revelamos detalles de la trama— no es solo lo que articula, sino lo que consigue. Las palabras de Gloria despiertan a las Barbies a las que los Kens han lavado el cerebro hasta la sumisión. “Al dar voz a la disonancia cognitiva necesaria para ser una mujer bajo el patriarcado, le robaste su poder”, exclama la heroína de la película, Barbie Estereotípica, interpretada por Margot Robbie. Es una toma de conciencia mágica. Y, en última instancia, por difícil que resulte ser una mujer adulta, la Barbie de Robbie lo elige antes que permanecer en el idilio de la infancia sin sexo de Barbieland, como aprendemos en la perfecta última frase de la película.

Dada la evidente necesidad de entretenimiento que canalice la angustia femenina, sería lógico que Hollywood, una vez finalizadas las huelgas de guionistas y actores, se esfuerce más por cultivar la figura de las guionistas y directoras. Las mujeres rara vez tienen la oportunidad de dirigir películas de alto presupuesto; según el Centro para el Estudio de la Mujer en la Televisión y el Cine, las mujeres solo dirigieron el once por ciento de las cien películas más taquilleras de 2022. Y mirando una lista de las películas más importantes del año pasado, me llamó la atención cuán pocas de ellas parecen haber sido hechas pensando en un público femenino, parte de la razón por la que había tanta demanda contenida por Barbie.

Es probable que Searchlight Pictures se sienta bien por haber fichado a Swift, que cita a la directora de Barbie Greta Gerwig como influencia, para dirigir su primer largometraje. Pero, por desgracia, parece que la lección que Hollywood va a aprender del éxito de Barbie no es hacer más historias para mujeres, sino más películas sobre juguetes.

Como informó The New Yorker, se han anunciado catorce películas basadas en propiedad intelectual de Mattel, entre las que se incluyen largometrajes sobre He-Man, la figura de acción de la década de 1980, y el juego de boxeo “Rock ‘Em Sock ‘Em Robots”. Cuarenta y cinco más están en desarrollo. J.J. Abrams está trabajando en lo que ha calificado como una versión “emotiva, realista y descarnada” de Hot Wheels. Al menos han contratado a Lena Dunham para hacer la película basada en Polly Pocket.

 

*c.2023 The New York Times Company

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