A contraluz

El hombrecito frente al espejo

Haroldo Shetemul @hshetemul

El presidente Jimmy Morales se encuentra en el momento de mayor crisis de credibilidad de su mandato. La soberbia y la incapacidad de comprender que es solo un servidor público lo han llevado a considerar que el país es de su propiedad y puede hacer lo que le venga en gana, cual dictador, sin dar cuentas a nadie. Y cuando faltan apenas seis meses para que deje el cargo, quizá se haya inspirado en la tradición de la partidocracia corrupta: “En el año de Hidalgo, pendejo el que deje algo”. El sobreprecio con el que iba a comprar los aviones militares argentinos, que ningún país quiso adquirir en 35 años, le iba a dejar dividendos millonarios. También intentó ganar impunidad sin importar que para ello tuviera que convertir el territorio nacional en un campo de concentración de migrantes, para que él pudiera llevar una vida de millonario sin sobresaltos.

Piergiorgio Sandri escribió un artículo en el diario catalán La Vanguardia, en el que se refiere a los gobernantes con tendencias dictatoriales. Señala que los delirios de grandeza y autoritarismo son propios de mandatarios con tendencias absolutistas, que no quieren ninguna limitación institucional. Menciona al psicólogo político Jerrold Post, quien dice que muchos dictadores sufren patologías borderline, que están entre la neurosis y la psicosis. Post indica que son individuos que pueden funcionar de manera racional, pero en ciertas condiciones de estrés superan el límite, sus percepciones se distorsionan y esto se refleja sobre sus acciones, y el único público que conocen es su propia imagen que se refleja en el espejo. Eso pareciera ocurrir con Jimmy Morales, que mintió sobre que iba a firmar el acuerdo para convertir a Guatemala en tercer país seguro. El presidente estadounidense dejó ver el embuste en que incurrió. Frente al espejo, Morales cree que solo a sí mismo debe dar cuentas de lo que hace.

Esos dictadorzuelos creen que encarnan la ley. Jimmy Morales se dio el lujo de decir a la Corte de Constitucionalidad que era su decisión si acataba órdenes que consideraba fuera de ley. Daniel Eskibel, miembro de la Society of Political Psychology, dice que el dictador se ve dominado por “una estructura cerebral situada en el tronco encefálico, sorprendentemente idéntica al cerebro que tiene cualquier reptil” y que empuja hacia el dominio, la agresividad, la defensa del territorio y la autoubicación en la cúspide de una jerarquía vertical e indiscutida. “Puede, agrega, que el cerebro reptil siempre hubiera estado ahí, pero disimulado”. Hasta que el político, una vez que se instala en el poder, descubre todo lo que puede hacer con una orden o una firma. Toma conciencia de su capacidad para influir en la vida de los demás. “Si la persona no está preparada, entonces es sólo cuestión de tiempo para que el cerebro reptil se apodere de los resortes del mando”, expresa Eskibel. Ese dictadorzuelo pierde contacto con la realidad, se queda solo, aislado, no escucha, es agresivo. “Comete errores que nunca creíste que pudiera cometer. Cada vez más rodeado por incondicionales que sólo dicen que sí”, apunta. Este es un retrato fiel del mandatario guatemalteco.

Sandri señala que el problema es de quienes llevaron al poder a personas soberbias. Se hace eco de Étienne de la Boétie cuando dice que “el pueblo sufre el saqueo, el desenfreno, la crueldad no de un Hércules o de un Sansón, sino de un hombrecito. A menudo este mismo hombrecito es el más cobarde de la nación, desconoce el ardor de la batalla, vacila ante la arena del torneo y carece de energía para dirigir a los hombres mediante la fuerza”. Ahora estamos frente a un Jimmy Morales sin la entereza para enfrentar sus graves desatinos, un hombrecito que no da la cara, sin el más mínimo decoro de un gobernante. De ahí que comprendamos que la culpa es de quienes lo encumbraron en un puesto que le quedó demasiado grande.