Si me permite

El libro debe ser un amigo, más que un objeto

Samuel Berberián samuel.berberian@gmail.com

“El libro es fuerza, es valor, es poder, es alimento; antorcha del pensamiento y manantial del amor.” Rubén Darío

En nuestros días es sorprendente que los libros han llegado a ocupar posturas de las más extremas. Por un lado son objetos para la decoración del lugar donde vivimos y por otra parte es el compañero inseparable de algunos, de tal modo que jamás se sienten solos.

En esa realidad uno tiene que entender la manera como uno se inicia en la lectura. Desde nuestra infancia, alguien fue el medio que nos introdujo a la lectura por la vía de la curiosidad, por verlos leyendo y notando el placer que se pintaba en el rostro de esa persona que nos invitó a integrarnos en el equipo, en el mismo modo como uno entusiasma a otros a comer lo que está comiendo, mucho más por sus expresiones de placer que por la simple forma de invitación.

A otros la lectura les fue iniciada, y posiblemente a una mayoría, por la modalidad de mandato o por cumplir la obligación de una tarea asignada por un maestro o por algún adulto que en su manera de pensar tuvo el criterio de imponer la práctica de lectura a un menor, sabiendo que para el mañana será el elemento determinante para poder progresar y alcanzar los logros que más aspiramos tener.

Es innegable que muchos pueden leer, pero el asimilar y comprender lo que se está leyendo es un elemento adicional que debe seguir a la tarea inicial de tomar un libro y leer, porque lo que se habrá de asimilar por una comprensión habrá de acompañarlo el resto de la vida, y probablemente no se recuerde dónde lo leyó, pero lo leído está presente y llega a ser un elemento determinante para las decisiones que se toman en el camino de la vida.

No se puede negar que un buen lector lo es porque el inicio de la lectura está en la manera de lo que se selecciona para leer y la razón fundamental que tiene para leer lo que está leyendo. Muchas cosas, que en un momento se nos mandó a leer, llegó a ser favorito para nosotros por el simple hecho que encontramos alguna afinidad con el contenido o con el modo en que el autor estructura sus pensamientos.

Así como todo mortal es selectivo para definir con quienes quiere cultivar una amistad y con quienes conservar simplemente una relación, esto también es real en la lectura. Por lo mismo, podemos fácilmente evaluar a alguien cuando vemos en los estantes de su casa los libros que tiene y qué autores se vuelven repetitivos, o algún género particular de literatura, sea este de historia, política o poesía, que cada uno en su particular género está alimentando nuestro intelecto por el gusto que hemos desarrollado.

Indudablemente, muchos de los que nos rodean, cuando son selectivos en lo que ellos leen, cuando socializan están enriqueciendo no solo nuestro intelecto, sino también nuestra manera de ver las cosas. No es extraño que al finalizar una conversación le preguntemos al interlocutor por qué piensa de ese modo. La respuesta es por la lectura de algún autor que formó su modo de pensar.

Si nuestros conocidos nos encuentran leyendo un libro, no es lo mismo estar cargando un libro debajo de nuestro brazo, solo si buscamos un perfil de intelectual. Porque la lectura se proyectará en nuestra manera de ser, mientras que el cargarlo solo determina la figura que proyectamos. Seamos lectores que contagian al prójimo.