Si me permite

El maestro forja el perfil final de su alumno

Samuel Berberián samuel.berberian@gmail.com

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“Nosotros los educadores solo podemos ayudar… Así daremos testimonio del nacimiento del hombre nuevo”. María Montessori

Cuando consideramos el trabajo que un maestro de vocación y no simplemente de ocupación desempeña diariamente, es una tarea no solo de admiración, sino también de ser apoyada por los que son padres de los educandos. Claro que el tiempo y el desempeño de cada uno de alguna manera habla de lo que algún maestro supo hacer en los días formativos de estudios.

Cuando alguien en nuestra sociedad se desempeña correctamente y sabe hacer su tarea con excelencia y no simplemente cumpliendo con ella, sin lugar a duda habrá estado en los años formativos del pasado un maestro que estuvo dispuesto en supervisar y corregir hasta el más mínimo detalle, y sabiendo que el alumno tenía el potencial para rendir, supo poner las normas más altas y ayudarle a alcanzarlas.

El deber cumplido de un maestro usualmente se tiene por una autoevaluación en cada paso de la tarea, y generalmente muy pocos maestros tienen la oportunidad y la dicha de poder ver cómo sus alumnos llegan a destacar en lo que hacen, producto de la labor en que ellos como guías los encaminaron para poder tener los elementos necesarios y la disciplina básica para lograr lo que ellos logran.

Es imposible negar que el trabajo de enseñanza aprendizaje requiere igual esfuerzo de las dos partes, cada uno haciendo lo suyo. Uno que sabe y tiene el modo de cómo hacerlo debe guiar e instruir para que el conocimiento llegue con toda su claridad y el estudiante, de igual forma, deberá poner de su parte en asimilar lo que se le enseña y pedir ayuda cuando no lo puede asimilar, para que se le acompañe para comprenderlo.

Todos los que están involucrados en la tarea de la enseñanza y el aprendizaje deben, con toda claridad, aceptar y entender que están en una tarea enmarcada en un proceso en el cual no se pueden utilizar atajos, y a cada paso habrá que darle su debido valor e importancia sin olvidar que la próxima etapa será construida sobre la anterior, y si esta no fue bien fundada y bien asimilada, difícilmente se podrá progresar, y el tiempo, como juez implacable, lo habrá de demostrar y será muy tarde. Por ello es bueno evitarlo, no importando el precio que haya que pagar por ello.

Es sorprendente observar a los maestros que están trabajando con todo esmero por ser esto parte de su vocación, como pueden detectar debilidades y fortalezas de cada alumno, y si estos se dejan ayudar pueden tener un giro en su proceso formativo que de por vida habrán de valorar porque de ese modo lograrán metas que aparentemente se veían como que fueran inalcanzables, pero con la tutela y ayuda de un buen maestro pudieron poner las bases suficientemente firmes para lograr el resto.

Es obligación de todo ciudadano reconocer y valorar el trabajo de un buen maestro, aunque en algún momento hayamos sido confrontados, porque eso fue parte del trabajo docente, para que, corrigiendo, pueda avanzar y escalar a los niveles que lo hacen hábil para el desempeño del trabajo que habrán de escoger.

Qué bueno sería poder regresar a los años mozos y ver al maestro que caminó la milla extra con uno para avanzar y llegar a destacar, no solo para saludarle, sino también para agradecerle por el trabajo que hizo y para que pueda apreciar el producto final de su labor.