Si me permite

El mundo es tan pequeño que todos somos vecinos

Samuel Berberián samuel.berberian@gmail.com

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“Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces; pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos”. Martin Luther King

Cuando se nos comenta de nuestros conocidos que se fueron de viaje y que en carácter de turistas están visitando algún país, pensamos que es una buena manera de estar paseando y teniendo un tiempo de distracción para poder cambiar de ambiente y descansar.

Claro está que puede esto tener mucho de verdad, pero podemos verlo de otro modo, se ha planificado bien el viaje y se ha hecho la tarea previa.

El turismo puede ser una educación de extramuros a la que uno se está exponiendo y que tiene que considerarse como una inversión muy valiosa que quedará con uno el resto de la vida.

Mañana es el Día mundial del Turismo, con lo cual se está reconociendo a los que tienen la sana práctica de poder hacer turismo y tienen los recursos para lograrlo. Al turista esta práctica le agrega una manera muy vivencial de adquirir conocimiento y una información de primera mano que podrá compartir con los suyos de un modo muy particular, por la forma como la vivió y en la manera como se la explicaron.

Es imposible negar que hay quienes, si hacen un viaje de turismo, poco observan lo que la historia ha registrado en el lugar donde estuvieron, y si bien alguien estuvo dando toda la información, ellos mejor degustaron los alimentos de la región y gozaron el clima y el bello panorama que el lugar ofrece.

Ninguno duda que uno conoce lo de uno y sabe el porqué de cada cosa que le está rodeando, pero uno amplía su conocimiento cuando está expuesto y observa lo que otros tienen, y de lo que otros han aprendido y se les permite compartirlo.

Es sorprendente cuando uno regresa de su viaje de turismo y llega a casa y se reúne con los suyos, no simplemente se goza narrando todas las bellezas que vio, sino las diferentes aventuras que vivió durante el tiempo que estuvo lejos de casa y su familia.

Considerando también la contraparte para aquellos que vivimos en países donde tenemos una afluencia de turistas que nos visitan por la historia y lugares que le rodean, es muy importante y de gran valor el cómo se trata al turista, para que sea determinante si vuelve y cómo habla de nosotros para que otros nos visiten.

El turista es un huésped que está de paso y debe ser no solo bien tratado, sino saber que el trato que recibe es lo que se lleva porque simplemente lo está viviendo.

El turista puede tener una medida de curiosidad. Uno no está para gratificar esa curiosidad, sino para guiarlo a fi de que lleve la información correcta sobre lo que está viendo.

El buen turista, como ha hecho su tarea previa preparándose para el viaje, posiblemente se vea como muy exigente en ciertas particularidades. Es correcto, porque cuando inició el viaje se propuso lograr ciertas metas y con eso en mente está caminando, y cuando logra lo que tenía en mente está la auténtica gratificación del viaje.

Como cada individuo es diferente, los intereses también son diferentes, por ello se pregunta al turista qué es lo que más le interesa y lo que más le gustó, para poder de ese modo guiarlo, para que la gratificación sea para las dos partes, al turista como para el que lo recibe y lo está hospedando.