Si me permite

El niño es una nueva oportunidad para cambios

Samuel Berberián samuel.berberian@gmail.com

“El niño es el tesoro más grande del mundo, cuídalo con el ejemplo para que sea hombre y mujer de bien”. Anónimo

Cuando cada primero de octubre se dedica como el día del niño, uno debería visualizar si el niño que llega a este mundo se espera que repita lo que sus mayores hicieron o es una alternativa para que pueda hacer algo mejor. No es extraño que se escuche que le digan que “esto nunca se había hecho antes”.

Debemos aceptar que tenemos el deber de formar y educar a cada niño que está bajo nuestra responsabilidad de la forma correcta, pero también dejar a cada uno soñar en cuanto a su futuro, porque todos los cambios que esta sociedad ha vivido nacieron en un sueño y luego hubo el máximo esfuerzo para lograr los cambios que son necesarios.

Claro está que los niños deben conocer nuestro pasado, no porque tengan que caminar en él, sino para que puedan aprender de él y de ese modo forjar sus metas y luchar para poder de algún modo lograrlas. Por esta razón tenemos que poner de nuestra parte en ser los primeros aliados de los niños en su esfuerzo de alcanzar sus metas.

Conocemos la riqueza que tiene la fantasía en los años de la niñez, porque de esa manera pueden romper la monotonía y entretenerse con cosas que posiblemente no son reales, pero sí los educa para cuando tengan que enfrentar sus obligaciones para tener ideales que en un momento fueron simples sueños.

La nueva generación que tenemos hoy día enfrenta desafíos, los cuales son innegables. Muchas veces tienen que enfrentar criterios y recursos que sus mayores nunca tuvieron, pero ellos deben asimilar constantes cambios y estos deben encadenar en la vida de ellos para la formación de su personalidad y desarrollar sus habilidades individuales, las que les permitirán ser productivos en la sociedad que se está gestando para el mañana.

Debemos aceptar que los niños no siempre entenderán las limitaciones, por ello, cuando se les dice que no se puede, surge la pregunta del porqué. Claro, es muy posible que nosotros también hayamos vivido esa realidad, pero como quedó atrás nos cuesta asimilar que los niños vean los imposibles como una oportunidad para ellos.

Los adultos que son maduros para acompañar a los niños tienen una habilidad muy especial para detectar muy fácilmente el potencial que tienen, por su personalidad y por las habilidades que se les pueden ver. Si tenemos esa capacidad debemos caminar un paso adelante, y al ver su inclinación darles los medios y recursos para que se desarrollen. Por ejemplo, si son buenos en deporte, deberíamos asegurar que alguien los entrene, o si muestran ciertas habilidades por aprender otros idiomas, ¿por qué no exponerlos para que lo puedan aprender en la niñez y no cuando sean mayores, que sin lugar a duda será mucho más difícil?

El elemento primordial con nuestros niños es que debemos ser sus protectores por el simple hecho de que ellos, como si fueran una esponja, absorben todo lo que les rodea, y sin lugar a duda, eso les afectará, sea para bien o para mal. Esto no significa aislarlos, sino supervisarlos para que de una manera favorable sean formados con un mínimo de riesgos.

Dios nos ayude a facilitar a los niños que tenemos con nosotros a ser las columnas que mañana habrán de sostener la sociedad, en un estado mucho mejor que lo que hoy vivimos.