Imagen es percepción

El pan de cada día dánoslo hoy

Brenda Sanchinelli imagen_es_percepcion@yahoo.com

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En este momento en que el tiempo parece surrealista y suspendido, todos nos sentimos envueltos en muchas preocupaciones por un futuro incierto y los cambios que nos hemos visto obligados a realizar en nuestro estilo de vida. Algunos hemos encontrado refugio y consuelo en la oración y la cercanía con Dios, lo que nos ha ayudado a detener la ansiedad por este virus.

Para otros, el hecho de no poder congregarse en sus iglesias o templos les produce cierto vacío existencial, pero entonces, ¿cómo debe enfrentarse la imposibilidad de no poder participar presencialmente en sus ritos litúrgicos? Es allí justamente donde no debe confundirse la espiritualidad de una relación directa con Dios con el hecho de reunirse con otras personas que profesan la misma religión. Es tanta la necesidad de escuchar a un pastor, sacerdote, rabino o cualquier otro dirigente, que el coronavirus ha conseguido el auge de los predicadores en línea.

En este momento muchas personas en el mundo están sufriendo diferentes tipos de calamidades, desempleo, la quiebra de sus empresas o su pequeño negocio; hambre, enfermedad, pérdida de algún ser querido, etcétera. Y por esta razón es ahora cuando la mayoría está reconociendo la existencia y la necesidad de Dios en este mundo. Algunos dicen que lo que ocurre es un castigo divino, otros siguen manifestando su ateísmo o su rechazo para reconocer la existencia de un ser supremo. Hay mucha confusión en el ambiente, no cabe duda de que estos son tiempos extraños, peligrosos y completamente singulares.

Las generaciones de los más jóvenes poca importancia le han dado a Dios, posiblemente porque jamás habían experimentado una situación de sufrimiento serio y prolongado a nivel mundial, que, aunque no han terminado de asimilar, ya ha empezado a transformar sus sentimientos y prioridades, reconfigurando su escala de valores y necesidades. Antes “lo importante” era ir a un concierto, a un juego de futbol, a un bar o un buen restaurante, vestir con ropa de marca o viajar. Hoy la óptica cambió, lo valioso es tener salud y su sustento alimenticio diario.

La emergencia sanitaria mundial está teniendo un enorme impacto entre las poblaciones más vulnerables, y los expertos prevén que la pandemia tendrá consecuencias apocalípticas, generando en el mundo un hambre aguda.

La disyuntiva para la mayoría de la población en Latinoamérica ha sido morir de coronavirus o morir de hambre, porque si el Estado no apoya a las personas económicamente, paralizar toda la actividad económica de tajo significa hambre y, por lo tanto, dentro de poco tiempo se desatará la delincuencia, la rapiña y el caos. En Guatemala, la gran mayoría de la población vive al día, y si no trabaja no come.

Desde hace tiempo se espera el fin del mundo y nunca llega, dicen los escépticos, pero lo que sí es cierto es que el fin del mundo para cada uno llega el día de su propia muerte, y ese día llegará para todos, sin excepción. Sin embargo, según las profecías bíblicas, nunca habíamos estado tan cerca del fin como ahora, pues todos los eventos que se habían anunciado se han cumplido en su totalidad.

Si usted no cree, okey, pero para quienes sí creemos en Dios, hoy más que nunca debemos aferrarnos a Él, pedirle que nos proteja, no solo a nosotros mismos, sino a todo el mundo; pedir por quienes en este momento están sufriendo. El padrenuestro es una oración sencilla y sincera que puede hacerse en tan solo 30 segundos y el mismo Jesús enseñó como un modelo para pedir a Dios que cubra nuestras necesidades diarias, mayormente en estos momentos de angustia, puede llenar nuestro corazón de paz, e incluso recibir un milagro quien tiene fe.